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Escudándose en la ambigüedad, Yvan Attal en ‘El acusado’ expone un caso judicial por violación obligándonos a participar

El acusado | StyleFeelFree. SFF magazine
Imagen de la película El acusado | StyleFeelFree. SFF magazine

Cada día que pasa crecen las denuncias por violación y aún a pesar de ello no somos conscientes ni de la mitad de casos que realmente existen. Lo vemos en las noticias, en las redes sociales, e incluso en la ficción. Sin embargo, parece que a nuestro alrededor nunca ocurre nada. Supongo que nunca ocurre nada porque todavía existe cierto rechazo, cierta duda que nos hace ignorar a las víctimas. Esta situación es justo lo que ocurre en El Acusado de Yvan Attal, un drama judicial que se apoya en la ambigüedad para maquillar lo que realmente pasa. Y es que la película sigue el caso de Mila, una joven de 17 años que acusa al respetado e inteligente Alexander por violación. No obstante, antes de entrar en el juicio Attal se preocupa por exponer bien el contexto del acusado para asegurarse de que comprendamos su situación.

El inicio de El acusado nos explica cómo el protagonista ha sufrido en su vida. Sus padres, que no le hacen demasiado caso, le generan unas carencias afectivas gigantescas. Por ello, se comporta de manera agresiva y violenta con las mujeres, pero recalcando que es por su gran sensibilidad y tristeza. Ya con eso, queda clara la opinión de Attal. En el otro extremo, La presentación de Mila se hace de manera pausada, sin entrar en detalles, sin mostrar las secuelas que causa el estrés post-traumático, sin mojarse demasiado. De hecho, todo es muy correcto. Demasiado correcto. Tras sufrir la violación, la joven acude rápidamente a su madre para denunciar a Alexander. Ahí se descubre que ella también tiene unos padres cuestionables. Además, se muestra a la chica con un carácter tímido y retraído, dos atributos que no hacen más que anularla.

Al anular la personalidad de esta chica, se convierte en la típica niña buena. Jamás ha querido contradecir a sus padres y lleva años escondiendo secretos, lo cual queda claro en el juicio. Ahí, a parte de la crueldad, violencia judicial y el dolor que pueda sentir Mila, se deja bien claro que es una palabra contra la otra. ¿Y quién dice que Mila no está mintiendo? O mejor, ¿y si es sólo porque le falta experiencia a la niña? Este tipo de preguntas no dejan de aparecer en los estrados, avasallando a Mila mientras a Alexander se le trata con delicadeza. Y simultáneamente, a nosotros como espectadores se nos obliga decidir quién es el culpable de este caso. Tal vez Yvan Attal no se ha querido ensuciar demasiado y por eso se escuda en la ambigüedad. Pero a mí me deja claro de qué lado no está.
 

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