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Ignacio Tatay, en ‘Jaula’, usa un espacio de tiza y un secuestrador desconocido para crear un thriller terrorífico sobre la desaparición de una niña

Jaula | StyleFeelFree. SFF magazine
Imagen de la película Jaula | StyleFeelFree. SFF magazine

Imagina encontrarte una niña pequeña que camina sola por la carretera y que no se sale de las líneas blancas. Imagina que no habla casi, que necesita hacerse un cuadrado a su alrededor para protegerse. Imagina que nadie la reclama, que parece no tener pasado ni identidad. Pues esta es la historia de Ignacio Tatay, Jaula, un thriller asfixiante trazado por las tizas y el espacio. La trama se centra en la pareja de Paula y Simón. Ellos están pasando por una crisis de pareja a raíz de las dificultades que tienen para formar una familia. Un día, volviendo a su hogar en el coche, se topan con una niña que permanece en el centro de la carretera. La insólita escena les hace frenar, y pronto llegan los sanitarios al rescate. Sin embargo, nadie parece reclamar a la cría y tras unas semanas en el hospital, les ofrecen acogerla.

Al llegar a la casa de sus nuevos padres, el tono de la película da un salto hacia claves del género de horror, especialmente al paranormal. De repente, en el momento en el que la niña entra dentro de casa se crea una tensión que se mantendrá en el aire durante el resto de la película. Desde el guion hasta la fotografía, todos los elementos son coherentes y juegan a favor de la emoción. De estos, lo más destacable de todo es el tratamiento de las localizaciones y la banda sonora. Mientras la música crea una atmósfera constantemente disonante, el espacio de la casa, a pesar de ser abierto, está lleno de puntos ciegos. Este hecho hace que los personajes se animalicen lentamente, transformando esa casa en una gran jaula en la que están encerrados.

Estar enjaulado sin saber quién te ha metido ahí desde un principio es la parte más terrorífica. Sobre todo, porque al final la jaula se convierte en el hogar de Simón y Paula, del cual, ahora, no pueden salir. Es la misma situación que le ocurre a la niña con su tiza. Justo a partir de aquí comenzarán a surgir las preguntas sobre qué le ha ocurrido, de dónde viene y qué le ha causado el trauma. A ello, también le acompañan otras dudas sobre su naturaleza. No se sabe si es buena o quiere dañar, si es de aquí o puede ver el más allá. De tal forma, la tensión en la película se distribuye progresivamente durante casi toda su duración. Salvo por una pequeña secuencia del tipo Psycho de Hitchcock, Jaula es un metraje de sensaciones y especialmente, de terror. Terror al ser humano.
 

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