Alex Vargas
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Con el trauma como bandera, ‘Suzume’ cuenta, al más puro estilo Makoto Shinkai, una historia que nos enseña a ser mayores, encontrando en la muerte no un motivo de temor, sino la oportunidad de reencontrarse con un ser querido

Suzume | Película | StyleFeelFree. SFF magazine
Imagen de la película Suzume | StyleFeelFree. SFF magazine

Makoto Shinkai regresa a la gran pantalla con la que es, en muchos sentidos, su película más personal. Suzume, que en gran medida fue inspirada por los desoladores terremotos que en 2011 conmocionaron al mundo, muestra el paso a la adultez de su protagonista. Sin embargo, este viaje no es únicamente para la joven huérfana. En la cinta, percibimos un Shinkai más maduro y decidido a mostrarse sin tapujos a través de sus personajes. Un cambio que el propio director atañe a su paso por la paternidad y la experiencia que esto conlleva. Así, la película conforma un rito de paso para su creador, que a sus 49 años parece estar entrando en la que promete ser su etapa más brillante. De hecho, Suzume ya expone alguno de los trazos que sirven como preludio a esta nueva perspectiva, y en ellos encontramos una sinceridad nunca antes vista en el autor.

A través de su narrativa, la película expone una visión honesta respecto al duelo que uno debe atravesar tras la perdida de una madre. El tiempo no lo cura todo, y hay heridas que tanto los personajes de Shinkai como las personas de carne y hueso cargamos con nosotros toda la vida. Esto, sin embargo, no es algo negativo, sino que construye sobre la convicción de un director decidido a mostrar la realidad tal y como es. Así, encontramos en el retrato de una sociedad víctima de los desastres naturales el reflejo de un alma humana que se aferra al recuerdo de un tiempo mejor. En el caso de Suzume, la joven encuentra reposo en una pequeña silla de tres patas fabricada por su madre. Estos recuerdos son vitales para la trama, ya que en ellos Shinkai encierra las voces de aquellos que nos han dejado, reflejando su propia visión de la muerte como una oportunidad de reencontrarnos.

De esta manera, Suzume presenta un relato realista pero esperanzador, reforzado por la presencia de un elenco que se desvive por reflejar ese expresionismo tan marcado que caracteriza a la animación oriental. En relación a esto último, la película es visualmente apabullante, alternando entre escenarios donde gobierna la naturaleza y el Tokyo más cosmopolita. En ellos, la magia se abre paso sin resultar inverosímil, presentando un mundo que asemeja al nuestro propio, pero con suficientes particularidades para envolverlo en un aura de misterio. Así, la aventura de Suzume abarca estos aspectos sin ahondar demasiado en ellos, prefiriendo mantener nuestra atención en el conflicto sentimental que atormenta a los protagonistas. En consecuencia, la cinta es tan emocional como sus predecesoras, recordándonos la importancia de honrar la memoria de quien lo merece, sin dejar nunca de mirar hacia delante.
 

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