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Con una protagonista inquieta, ‘Los amores de Anaïs’ es un cuento sobre el amor y la felicidad de las personas

Los amores de Anaïs | StyleFeelFree
Imagen de la película Los amores de Anaïs | StyleFeelFree

La actriz Charline Bourgeois-Tacquet, tras dirigir dos cortometrajes, da el salto al largo con Los amores de Anaïs. Con un guion escrito también por ella, la trama nos presenta a Anaïs, una joven de treinta años inquieta e inestable. Esta ya no siente nada por su novio, y tras conocer a un hombre llamado Daniel, acabará enamorada de Émilie, su pareja. Al construir la trama, la directora opta por un género tan singular como la comedia, más concretamente, la comedia de equívoco. Este subgénero, descendiente de la comedia de enredo, tuvo su gran éxito entre los años cincuenta y sesenta. En este caso, se recurre a él de forma argumental. Ocurre que el punto de partida es el mismo que en este tipo de películas, como en Trío de damas, de Pedro Lazaga.

Al conducir las acciones en Los amores de Anaïs, en ningún momento la cámara se separa de la protagonista. Ella es los ojos de los espectadores, una chica que sigue sus impulsos, que vive en el presente y trata de no hacerse preguntas. Esto podría convertirla en una persona egoísta, pero al final nos encontramos con alguien que intenta aprovechar cada momento para ser feliz. Este tipo de personajes son muy propios del cine francés. En su forma de ser, recuerda a Amélie, cuyo propósito es ayudar a otros a ser felices. Sin embargo, en la segunda mitad del largometraje, el tono cambia y se enfoca más en la vertiente dramática y en Émilie. Durante esta parte, los personajes ven Noche de estreno, de John Cassavetes. En el visionado, la directora relaciona al personaje de Gena Rowlands con el de Émilie, y le otorga el peso que necesita.

Con la combinación de influencias tan dispares como Amélie y Noche de estreno, Charline Bourgeois-Tacquet en Anaïs explora el significado del amor y los deseos. El tono varía a lo largo de la cinta, con un análisis psicológico de personajes como el que se encuentra en la filmografía de Éric Rohmer. En cambio, la puesta en escena es más contemporánea, con verdes y rojos, que llevan a pensar en el cine de Greta Gerwig. Por otro lado, son sus dos actrices principales, Anaïs Demoustier y Valeria Bruni Tedeschi, con su química natural, las que transmiten el mensaje de la realizadora. Y cuando una película consigue esto es porque realmente estas sensaciones han sido experimentadas por los miembros del equipo.
 

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