Jaime G.
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El joven cineasta británico Rob Savage explora la delgada línea entre lo físico, lo virtual y lo espiritual en ‘Host’, su última película de terror

Host | StyleFeelFree
Imagen de la película Host | StyleFeelFree

Durante la pandemia de la Covid-19 del 2020, un grupo de amigas se reúnen a través de Zoom, la plataforma de videollamadas grupales. Para romper con la monotonía del confinamiento, puesto que no pueden verse en persona, deciden realizar una sesión de espiritismo vía Internet. Host parte de una premisa tan concreta y familiar como esta para demostrar que no hace falta salir de casa para sentir miedo. Y tampoco para hacer una película, pues esta experiencia paranormal está dirigida y rodada de manera enteramente telemática durante los meses de la cuarentena. Un mérito que, teniendo en cuenta la calidad de los efectos especiales, resulta innegable.

En 1999, El Proyecto de la Bruja de Blair popularizó el subgénero found footage, dando paso a cierta nueva vertiente del cine de terror contemporáneo. Durante los últimos veinte años, muchos jóvenes cineastas se han dado cuenta de que no hace falta un gran presupuesto para contar una historia espeluznante. Uno de ellos es Rob Savage, quien con este mediometraje opta por un formato que no puede estar más acorde con los nuevos tiempos. Host no es la primera película de terror contada a través de una pantalla de ordenador, pero su confección se siente cuidada y pulida. De una premisa similar, pero con una ejecución más caótica, partía Eliminado, el blockbuster estrenado en 2014 de la mano de Blumhouse. Curiosamente, la misma factoría que ha fichado a Savage tras el estreno de este filme.

La cinta acierta en la construcción del tono especialmente al comienzo, a medida que se acerca el momento de contactar con el plano espiritual. Consigue transmitir la tensión que se respira en el ambiente y la intranquilidad de las chicas. De hecho, la relación entre ellas no es producto de la ficción, las actrices son un grupo de amigas real. Esto contribuye notablemente al elemento de inmersión con el que el director juega constantemente. El gran reto al que se debe enfrentar toda película del género es hallar la manera de mantener esta angustia e incertidumbre todo lo posible. Y Host, cuando más parece estar a la altura, escoge el camino del susto fácil. Un recurso al que está malacostumbrado cierto tipo de producciones con las que este filme y todo su potencial no debería resultar tan fácil comparar.
 

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