Alex Vargas
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Tan real como su propio nombre indica, ‘Una vida no tan simple’ presenta una trama honesta sobre las dificultades del amor para siempre

Una vida no tan simple | Película | StyleFeelFree. SFF magazine
Imagen de la película Una vida no tan simple | StyleFeelFree. SFF magazine

Cuando decimos que los padres son niños teniendo hijos, algunos tienden a pensar que esto es una exageración. La paternidad es uno de los momentos más peliagudos de la vida adulta, y la presencia de uno o más hijos en común es un factor determinante a la hora de producirse una separación. Sin embargo, reacios a señalar a los niños como culpables, diversos estudios señalan la monotonía como principal causante del rupturismo propio de las relaciones modernas. Por supuesto, reducir a uno todos los motivos que llevan a un matrimonio a separarse sería ignorante. Cada pareja es un mundo y tiene sus propios parches, sus propios acuerdos y sus coherentes incoherencias. El amor moderno es peculiar y controvertido, confuso hasta para sus propios integrantes y un misterio para aquellos que viven cómodamente de una forma más tradicional. Y aun así, una misma pregunta existe para antiguos y modernos. ¿Nos separamos, o seguimos juntos por los niños?

La película de Félix Viscarret aborda un problema tan antiguo como el propio amor aunando comedia y drama para crear una obra comprensiva y ajena a caer en el mito del bueno y el malo. La historia de un matrimonio en horas bajas que comienza a sentir atracción por terceras personas y una grieta insuperable en su propio dormitorio. La película trabaja el silencio mejor que los diálogos, lo que no quiere decir que estos últimos dejen algo que desear. La falta de palabras no indica que no haya cosas que decir, sino que dos personas se conocen tan bien que en el silencio encuentran tanto como necesitan escuchar. Así, la interpretación de Miki Esparbé y Olaya Caldera elevan la cinta a algo mucho mayor que un conflicto privado o un cuento de infidelidades. Una vida no tan simple es el reflejo realista de una historia humana, triste, y universal.

La película plantea una puesta en escena asentada en el realismo urbanista de una familia de clase media. El espacio que los personajes ocupan refleja sus propios sentimientos y en el intimismo del hogar se producen algunos de sus momentos más memorables. Sin embargo, Una vida no tan simple rechaza los grandes discursos y el misticismo del shock cinematográfico. En su lugar, la obra de Viscarret consigue transmitir la lejanía de un matrimonio, precisamente, por la ausencia de estos mismos. La monotonía es a la vez aliada y enemiga, jugando a favor del cine y contra los intentos de Ainhoa e Isaías por salvar su matrimonio. En consecuencia, los momentos de mayor honestidad son aquellos que surgen por obra de sus propias conciencias. La pareja no quiere herirse mutuamente, pero tampoco engañarse pensando que todo está bien. Así, la película plantea una cuestión tan universal como su premisa. ¿Merece la pena volver a intentarlo, aun arriesgando la felicidad?
 

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