D. Díaz

A falta de un siglo para que Europa empezase a contemplar la independencia económica femenina como una realidad, ‘Eugénie Grandet’ presenta a un padre de familia que antepone el dinero a la felicidad

Eugénie Grandet | StyleFeelFree. SFF magazine
Imagen de la película Eugénie Grandet | StyleFeelFree. SFF magazine

No fue hasta hace tanto que en Occidente las mujeres de cada familia carecían de potestad respecto a las decisiones pertinentes a la economía del hogar. Basándose en la novela homónima de Balzac, Marc Dugain revisita este hecho, presente en la mayoría de hogares durante el S.XIX. Eugénie Grandet es la historia de una familia que vive bajo el yugo de Félix, el padre del hogar. A lo largo de la obra, se entabla una relación antagónica entre los principios del padre y de su hija Eugénie. La avaricia de Félix supone una perpetua opresión para las inquietudes de la joven, muy alejadas del materialismo de su progenitor. En una época marcada por la religión, la obra no duda en castigar a los pecadores y recompensar a los justos. No sin antes proponer un conflicto sólido que mantiene una paulatina progresión dramática hasta el último acto.

La lucha entre los nobles principios de Eugénie y la avaricia de su padre supone el motor de la trama en todo momento. Ni siquiera su hija es capaz de salvarle de sí mismo. Una herencia inesperada permite trazar, a nivel simbólico, un paralelismo que compara el comportamiento de Félix con el de un cuervo. Ambos se alimentan de cadáveres, sea literal o metafóricamente. Haciendo uso de un sublime fuera de campo sonoro, escuchamos cuervos graznando a lo lejos durante los momentos más ruines del personaje. Mientras tanto, su hija, relegada al rol de un mero objeto ornamental, cultiva un gusto por la naturaleza y lo divino. Más adelante, esta devoción deriva en una pasión reprimida hacia su primo. Pese a que, dentro del carácter bienaventurado de la joven, podría existir espacio para estos dos conflictos, la dimensión temporal del filme limita su evolución como personaje.

Debido a esta contradicción entre deseos, su arco argumental se ve comprometido. Por un lado, el amor que siente por su primo. Por otro, a causa de la nefasta relación con su padre, no desea volver a depender o convivir con ningún otro hombre. Sin tiempo para centrarse en ambas ideas, la obra opta por desarrollar la segunda, la más interesante. Las pocas veces que Félix saca a su hija de casa es para hablar de dinero con sus clientes. Las voces de los negociantes se disipan para dar pie al canto de los pájaros y demás motivos bucólicos. Eugénie, acostumbrada a ver la realidad a través de su ventana, se sumerge en una experiencia sensorial, fruto de su mímesis con la naturaleza. En otras palabras, los personajes principales rebosan identidad visual. Al fin y al cabo, esta no es la primera película de Marc Dugain como director.
 

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