Capturado entre fotografías, música de los años sesenta y sueño revolucionario, ‘Mali Twist’ de Robert Guédiguian narra un amor trágico e imposible, que se ve intercedido por la cultura ancestral de un país

Mali Twist | StyleFeelFree. SFF magazine
Imagen de la película Mali Twist | StyleFeelFree. SFF magazine

Es la década de los sesenta y Mali acaba de conseguir la independencia. El pueblo se encuentra ahora dividido entre la tradición y la revolución, entre el comunismo y el liberalismo francés. Y aún a pesar de la incertidumbre de esta época, se respira juventud en el inicio de Mali Twist, la tragedia romántica de Robert Guédiguian. Samba es un joven revolucionario que vive entre la política y los clubes de baile, el nuevo furor entre los jóvenes de Mali. Idealista y culto, el chico va de pueblo en pueblo junto a sus camaradas para promover el comunismo. Sin embargo, todo cambia cuando conoce a Lara, casada de manera forzosa con un hombre que abusa de ella. Harta de la situación, Lara se esconde en la camioneta de Samba y juntos se escapan de vuelta a Mali.

La relación crecerá con el tiempo de manera orgánica, hasta ser incluso inevitable. Todo comienza en esos clubes dónde la música occidental sonaba. Con una banda sonora propia de la época, los jóvenes bailan en numerosas secuencias plagadas de movimiento y festejo. El vestuario cambia. Se pasa de los ropajes tradicionales malienses a la ropa de los años sesenta propia de occidente. Pantalones campana, polos, vestidos con vuelo y faldas cortas. Son memorias, congeladas en fotografías en blanco y negro que permanecen en la pantalla durante unos segundos. De tal manera, el inicio se vuelve un verdadero sueño: amores nuevos, bailes, risas y amigos. A la vez, el arranque de la revolución, el ideal de un mundo nuevo, justo e igualitario, el luchar por algo. El punto de vista de Samba genera ilusión y esperanza en cada fotograma, en recuerdo de aquella juventud de los años sesenta.

Como si fuera el crujir de un cristal, el mundo de Samba y el optimismo a partir del cual lo percibimos se va haciendo añicos. Ese ambiente de festejo inicial, causado por la emancipación maliense, abre paso a un debate mucho mayor. El protagonista, con su fe reivindicativa y su esperanza por un mundo mejor, más justo y equitativo, empezará a cuestionarse el poder real de la política. Las tradiciones, la identidad y las costumbres de un pueblo se ven cuestionadas y puestas en tela de juicio. Mientras tanto, la opinión sobre la emancipación está dividida. Mientras los comerciantes desean volver al liberalismo francés, otros tantos prefieren una revolución. No hay un sentido unificador, la paranoia y el miedo al cambio marcan el ambiente. Es la ruptura de un sueño, la desilusión de Samba. Y sin embargo, el comienzo de otro: empezar la vida junto a Lara.

La política y el contexto son primordiales en la película, y más aun teniendo en cuenta que se transmite a través de la juventud. El idealismo y la esperanza, las ganas de lucha y la necesidad de cambio se hacen patentes desde el inicio del filme. Más allá de la historia de amor, va sobre una historia de conflicto entre la juventud y la vejez. Es el inevitable cambio, el rotar. Samba como personaje representa la amenaza para todos aquellos ideales, incluso hasta para sus similares. La amenaza de un personaje como este muestra un conflicto universal y eterno. El de los ancianos contra los jóvenes. Unos en busca de la libertad, los otros aferrados a las tradiciones. Y en esa falta de escucha y comprensión, la tragedia se prepara y se introduce en la trama, para acabar terminando con el mundo que soñaba Samba.
 

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