Más de treinta años después de la exposición que la Fundación Juan March le dedicó a René Magritte, el Museo Thyssen-Bornemisza recupera a uno de los máximos representantes del surrealismo en la exposición ‘La máquina Magritte’

La maquina Magritte | Museo Thyssen | StyleFeelFree
Obra: El gran siglo, 1954 de René Magritte | © René Magritte, VEGAP, Madrid, 2021 | StyleFeelFree

Desde la retrospectiva sobre René Magritte (Bélgica, 1898-1967) que la Fundación Juan March realizó en 1989, la muestra que ahora le dedica el Museo Thyssen-Bornemisza vuelve a celebrar a uno de los máximos representantes del surrealismo. Bajo el título La máquina Magritte, el recorrido pretende destacar el componente repetitivo y combinatorio en la obra del pintor, cuyos temas obsesivos vuelven una y otra vez con innumerables variaciones. Comisariada por Guillermo Solana, director artístico del museo, esta exposición muestra el desbordante ingenio que dio lugar a composiciones audaces. Imágenes que ahora forman parte del colectivo popular por su capacidad de alterar nuestra percepción, así como cuestionar nuestra realidad preconcebida y suscitar la reflexión. En colaboración con la Comunidad de Madrid, reúne más de 90 pinturas procedentes de instituciones, galerías y colecciones particulares de todo el mundo. Además, se completa con una selección de fotografías y películas caseras que integran una instalación.

La Máquina Magritte toma la inspiración en una máquina metapictórica que produce cuadros pensantes, pinturas que reflexionan sobre la propia pintura. Hay que considerar que en 1950, René Magritte firmó junto a algunos amigos surrealistas belgas el catálogo de productos de una supuesta sociedad cooperativa. Se trataba de La Manufacture de Poésie, en la que se incluían artefactos destinados a automatizar el pensamiento o la creación. Entre ellos, encontramos una “máquina universal para hacer cuadros”, cuya descripción prometía “un manejo muy simple, al alcance de todos”, para “componer un número prácticamente ilimitado de cuadros pensantes”. Esta máquina de pintar tenía precedentes en la literatura de vanguardia, como la que promulgaron Alfred Jarry y Raymond Roussel, ambos, precursores del surrealismo.

El arte de pensar la imagen

Tanto Alfred Jarry como Raymond Roussel idearon dispositivos que ponían el énfasis en el proceso físico de la pintura, si bien, con concepciones opuestas. El primero de ellos imaginó una máquina que gira y lanza sus chorros de color en todas direcciones. El segundo, pensó en una máquina que se asemeja a una impresora que produce imágenes fotorrealistas. Muy lejos de estas visiones, el aparato descrito por los surrealistas belgas es diferente. Está dedicado a generar imágenes conscientes de sí mismas. Es por eso que Magritte definía su pintura como un arte de pensar. A pesar de su conocida oposición al automatismo como procedimiento central del surrealismo, este parece conferir un valor intelectual a la despersonalización y la objetividad de la autorreproducción de su obra. En este sentido, la máquina Magritte no es coherente y cerrada como un sistema, sino abierta como un procedimiento heurístico, de descubrimiento.

Al mismo tiempo, la concepción de la máquina Magritte es recursiva. Esto es así porque las mismas operaciones se repiten una y otra vez. Sin embargo, producen cada vez resultados diferentes. Como conclusión, toda la obra de Magritte es una reflexión sobre la pintura misma, consideración que aborda con la paradoja como herramienta fundamental. Lo que se nos revela en el cuadro, por contraste o contradicción, no solo es el objeto. También es su representación, esto es, el cuadro mismo. De esta manera, cuando la pintura se limita a reproducir la realidad, el cuadro desaparece y solo reaparece cuando el pintor saca las cosas de quicio. En conclusión, la pintura solo se hace visible mediante la paradoja, lo inesperado, lo increíble, lo singular.

La técnica de la metapintura

¿Cómo logra Magritte este objetivo de hacer visible la pintura mediante su distorsión? A través de la metapintura. Recurre entonces a la representación de la representación por medio de trampas. La exposición en el Museo Thyssen-Bornemisza que luego podrá verse en CaixaForum Barcelona analiza esos recursos metapictóricos que serán el hilo conductor de los distintos capítulos del recorrido. Estos quedan expuestos bajo los siguientes epígrafes: los poderes del mago, Imagen y palabra, Figura y fondo, Cuadro y ventana, Rostro y máscara, Mimetismo y Megalomanía.

Comenzando por Los poderes del mago, vemos algunos autorretratos en los que se explora la figura del artista y los superpoderes que se le atribuyen. A continuación la sección Imagen y palabra está centrada en la introducción de la escritura en la pintura, contemplando los conflictos generados entre signos textuales y figurativos. Por su parte, el tercer capítulo, Figura y fondo, examina las posibilidades paradójicas engendradas por la inversión de estos conceptos. Siguiendo este trayecto, Cuadro y ventana estudia el cuadro dentro del cuadro, mientras que Rostro y máscara atiende a la supresión del rostro en la figura humana, que es uno de los rasgos más recurrentes en Magritte. Para finalizar, tanto Mimetismo, como Megalomanía, tratan procesos de metamorfosis contrapuestos. En el primero de ellos se aborda la fascinación por el mimetismo animal, y en el segundo se presenta el recurso del cambio de escala.
 

DATOS DE INTERÉS
Título: La máquina Magritte
Artista: René Magritte
Comisariado: : Guillermo Solana
Organización: Museo Nacional Thyssen-Bornemisza en colaboración con la Fundación “la Caixa”
Patrocinador: Comunidad de Madrid
Lugar: Museo Nacional Thyssen-Bornemisza (Madrid)
Fechas: del 14 de septiembre de 2021 al 30 de enero de 2022
Horarios y tarifas: consultar
Itinerario: CaixaForum Barcelona: del 24 de febrero al 5 de junio de 2022
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