Jaime G.
Conecta

Truong Minh Quý encadena toda una serie de reflexiones evocadoras en ‘The Tree House’, un ejercicio fílmico abstracto e introspectivo

The Tree House | StyleFeelFree
Imagen de la película The Tree House | StyleFeelFree

El joven director se pone en la piel de un etnógrafo interplanetario que llega a un lugar en el que otrora vivió, pero no recuerda. Ese lugar es Marte, aunque lo que vemos son las selvas de Vietnam y a las pequeñas comunidades de nativos que aún las habitan. Con este documental experimental y detrás de su videocámara, Truong Minh Quý ejerce su rol de investigador en la ficción y en la realidad. A lo largo del filme, sigue a varios miembros de los ruc, una comunidad indígena al borde de la desaparición. En algunas escenas dialoga con ellos sobre su pasado, sus hogares y sus costumbres. Y en otras conversa consigo mismo, volviendo a su papel de cineasta documental lejos de casa.

A través de cierto planteamiento metacinematográfico, la película da pie a la cuestión ética referida al cine como intruso. Al acto de grabar o fotografiar como una agresión, y a la cámara como sublimación del arma, como escribe Susan Sontag. La selva por la que camina el director es la misma que recorrieron los soldados estadounidenses durante la Guerra de Vietnam. Los mismos que quemaron las casas de los nativos y que grabaron allí sus propios documentales, como muestra Truong Minh Quý con imágenes de archivo.

The Tree House es un filme sobre la dualidad y los opuestos. En todos los temas que recorre, presenta una contraposición: realidad y ficción, recuerdo y olvido, muerte —que representa con la imagen en negativo— y vida. En general, el director transita por un cúmulo de meditaciones que no llevan a ningún lugar concreto pero que tampoco exigen justificación. La película termina por construir una coherencia que permite a su realizador una plena libertad formal y artística que se siente como un gran acierto.