Rosana G. Alonso
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La lección de alemán es una enseñanza de vida que cuestiona al espectador continuamente para que revise sus creencias

La lección de alemán (2020) | StyleFeelFree
Imagen de la película La lección de alemán | © Network Movie / Wild Bunch Germany 2019 / Georges Pauly | StyleFeelFree

Cuanto más observo la condición humana, menos me sorprende lo que ocurrió en la Alemania nazi. Creo que si en Europa, de momento en este siglo XXI, no ha vuelto a ocurrir algo similar, es únicamente porque al gigante económico que alimentamos cada día con nuestra sed de consumo, no le interesa. Como mucho, le puede interesar la intrusión de un virus en nuestras vidas. Un virus, al menos a largo plazo, es más rentable para acabar de digitalizar todo el sistema, y poner a trabajar a destajo la gran maquinaria de vigilancia que lleva ya un tiempo observándonos. Los grupos de poder, aliados de los Estados, han entrado en nuestros hogares y creen saberlo todo de nosotros. Con lo cual, pueden movernos a su antojo como marionetas, para conseguir sus fines.

Ahora nos dicen, además, qué informaciones podemos creer y cuáles no, como si fuésemos niños de escuela que no pudiésemos valorar por nuestra cuenta los hechos y las opiniones subjetivas de unos y otros. Claro que saben perfectamente que no lo vamos a hacer. Nuestro tiempo es demasiado escaso como para contrastar nada. Ya lo hacen ellos por nosotros. Desde nuestro presente anómalo La lección de alemán, película basada en la novela homónima de Sigfried Lenz, resulta clarificadora. En ella se plantean los dilemas morales que atravesó el pueblo alemán durante la Segunda Guerra Mundial, imbuido por el síndrome de Solomon. Dilemas que ahora nos llegan como una bofetada en la cara. ¿Qué haríamos nosotros, si la verdad por absurda y débil que fuese, tuviese el cariz de una verdad oficial, y tuviésemos que atajarla?

Al cine siempre le ha interesado poner al espectador contra la pared, especialmente en las cintas que abarcan los grandes disparates de la humanidad. Pero el espectador, generalmente, no se siente apelado. ¿Por qué? Porque en nuestra película de vida siempre estamos en el bando acertado. En el que participa la gente que ondea la bandera de la verdad. Por ella, si somos capaces de entregar a nuestros amigos, a nuestros hijos, a nuestros compañeros de vida; ¿cómo no íbamos a entregar a los que no se rinden en su afán por alcanzar una plenitud, que parece esquivarnos a nosotros? La lección de alemán es, efectivamente, una enseñanza de vida. Christian Schwochow, que hizo un trabajo encomiable en Al otro lado del muro, vuelve a mostrarse firme sacudiendo los hechos, y enfrentado a sus personajes al momento histórico que les tocó vivir.
 

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