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Con una fotografía marcada por el clima nevado y un punto de vista fragmentado, ‘Cliff Walkers’ consigue, metafóricamente hablando, nublarnos la vista

Cliff Walkers | StyleFeelFree. SFF magazine
Imagen de la película Cliff Walkers | StyleFeelFree. SFF magazine

Zhang Yimou vuelve a la gran pantalla con una propuesta atrevida, que apela a un tipo de audiencia con un alto grado de implicación respecto al visionado. Partiendo de un contexto cargado de intriga política, Cliff Walkers decide desprenderse de su dimensión como drama histórico para centrarse en las claves del género del espionaje. Esto hace de ella una obra difícil de seguir para un espectador pasivo. Con un punto de vista dividido, se opta por el uso del montaje paralelo para alternar entre los distintos personajes, separados desde el principio. Pese a que este recurso funciona en pro de incrementar el ritmo de la película, termina siendo un problema a la hora de encontrar un protagonista definido. Ello no quiere decir que los personajes principales posean un arco argumental nulo o insuficiente a nivel dramático.

En una narrativa clásica suele concebirse como un error el hecho de no encontrar un único protagonista. Sin embargo, dentro del planteamiento que propone Cliff Walkers, parece una premisa muy plausible. La incomunicación entre bandos aliados exige esa constante alternancia entre puntos de vista. Al fin y al cabo, ninguno puede contactar con el otro sin que le descubran. Inevitablemente, se divide así a la trama en dos fragmentos. Debido a ello, se recurre tan frecuentemente a las elipsis temporales que esto se traduce en una pérdida del contacto entre espectador y personaje. Pese a todo, el montaje sí que consigue construir esa tensión que buscaba, tan necesaria para mantener la atención del espectador. Dejando esto de lado, motivos como el agente doble, la coartada en peligro o el código secreto también nos mantienen pegados al asiento.

Todos estos recursos comprenden las claves más paradigmáticas del género de espionaje. La confusión implícita en ellos se relaciona a nivel simbólico con la nieve que cubre la cinta en su totalidad. Es en este paralelismo donde se encuentra la gran virtud de Cliff Walkers. En un entorno en el que nadie sabe quién es quién, la nieve y su bruma impiden distinguir, literal y metafóricamente, al enemigo del compañero. Desde dirección, Yimou se percata de la condición climática presente en la región donde la acción transcurre y cómo esta puede sumar a su narrativa. La nieve es un personaje más, uno que representa el embuste propio de las artimañas del gremio. Por culpa de la nieve la percepción comete errores que marcan el destino de una guerra, o el fin de una amistad. Errores que, los mejores espías saben cómo usar a su favor, haciendo de ellos su manual de armas personal.
 

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