Lo imprevisible es norma en ‘Todo el mundo odia a Johan’, la cinta de Hallvar Witzø que construye un reflejo de la vida misma

Todo el mundo odia a Johan | StyleFeelFree. SFF magazine
Imagen de la película Todo el mundo odia a Johan | StyleFeelFree. SFF magazine

Todo el mundo odia a Johan es un drama, la historia de Johan, el último descendiente de la familia Grande. Un árbol genealógico compuesto por expertos en dinamita. Sus padres, en concreto, se encargaron de dinamitar puentes en plena II Guerra Mundial para obstaculizar el paso de las tropas enemigas. A pesar de ser individuos de clara fuerza, terminaron igual que sus obras, explotando. Este fue un incidente que marcó a Johan arrojándolo a una vida de huérfano en la que cada buena intención tiene como respuesta el odio y las explosiones. Así, sus compañeros de clase le dejan de lado, sus vecinos mean en su buzón y el amor de su infancia estalla en plena cita. El mundo escrito por Erlend Loe es un lugar conflictivo donde las buenas personas habitan una concatenación de conflictos constantes. Obstáculos ante los que plantea como única respuesta la comedia y el estoicismo.

Precisamente la comedia supone una pieza fundamental en Todo el mundo odia a Johan. No solo hace el relato más dinámico, entretenido e imprevisible, sino que ayuda a construir y definir el tema principal del filme, el estoicismo. Esta elección se basa en uno de los principios de la comedia. Toda broma conlleva una víctima. Si se analizan los sketches de obras como El reportero: la leyenda de Ron Burgundy se observa cómo en cada escena se desprestigia a alguien. Reducido a su esencia, el humor supone un ataque. Debido a esto, la comedia encaja tan bien en la cinta. Cada conflicto en el camino de Johan es una razón para desmoronarse. A pesar de ello, Johan acepta la embestida y aquello que no está a su control. Lo hace para reducir su faceta heroica, potenciando su humanidad.

Por otra parte, el estoicismo es definido como la fuerza de voluntad de un individuo para controlar sus sentimientos o emociones. De este modo, la vida no está definida por el contexto de la persona, más bien por su destreza. Hallvar Witzø plantea un acercamiento más realista al concepto. En Todo el mundo odia a Johan no se construye un monumento a la fortaleza de un héroe capaz de sobreponerse a cualquier dificultad, se muestra a un hombre repleto de debilidades que, a través de su empeño, consigue sobrevivir a un mundo hostil. Johan Grande no es más fuerte que ningún espectador. Al contrario, Johan Grande es un reflejo de la vida a la que toda persona debe enfrentarse. Es la reencarnación de la frase ante el mal tiempo buena cara. Aunque llueva dinamita y la soledad asfixie.
 

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