En búsqueda de una convergencia entre lo escrito y lo visual ‘Fantasías de un escritor’, de Arnaud Desplechin, adapta la novela ‘Deception’ de Philip Roth

Fantasías de un escritor | StyleFeelFree
Imagen de la película Fantasías de un escritor | StyleFeelFree

Cada arte tiene su propio lenguaje. La literatura emplea la sonoridad y peso de las palabras para dar forma a la trama. De esta forma crea, a partir de descripciones y diálogos, un mundo ficticio nítido para la imaginación del lector. Por otro lado, está el cine en el que las imágenes, movimiento y sonido se vuelven los pilares de la comunicación. Partiendo de este punto, Arnaud Desplechin parece apostar en Fantasías de un escritor, su adaptación fílmica de la novela Deception de Philip Roth, por un término medio entre ambos lenguajes. El director francés busca mantener la calidad prosaica de las descripciones y diálogos de la novela sumándole su propio imaginario visual. Pero parece enredarse en sus intenciones desencadenando diversas taras a lo largo de distintos aspectos de la película.

Del mismo modo que en American Psycho de Mary Harron, la historia no está compuesta en base a un conflicto al que el protagonista trata de sobreponerse, sino que opta por retratar su personalidad ególatra. Como consecuencia, el único hilo conductor entre escenas es el propio personaje principal. Así, la cinta engrandece su mundo interior narcisista con cada secuencia. Este estilo es idóneo para una adaptación de la novela. Sin embargo, este método, sumado a la intención de Desplechin de unir el lenguaje literario con el fílmico, desmorona el ritmo y la funcionalidad individual de las escenas.

La unión entre estilos de Arnaud Desplechin se cimenta en dos aspectos. Primero, mantener con gran fidelidad los diálogos originales. Segundo, convertir, en ciertos momentos, las localizaciones en entornos abstractos para enfatizar el poder de las palabras e interpretación de sus actores. De esta manera, se produce el hundimiento del ritmo y funcionalidad de las escenas. Las conversaciones, al ser tan fieles a la obra original, mantienen una forma propia de la literatura. Es decir, los personajes con cada interacción exponen de forma clara qué hacen, qué sienten y dónde están. Dicho estilo funciona a la perfección por escrito ya que permite al lector ubicar espacialmente cada gesto. No obstante, en el cine resulta demasiado expositivo.

La sobreexplicación de los diálogos resulta un desacierto para la cinta mayormente por su estructura. Fantasías de un escritor se divide en capítulos. Cada uno de ellos corresponde a un encuentro de Philip, el protagonista, con alguna persona relevante de su vida. En otras palabras, toda la obra se basa en conversaciones constantes. Si dichos encuentros mantuvieran el ingenio y carisma de American Psycho con escenas repletas de elementos disonantes y llamativos la estructura se mantendría triunfal. Pero no es el caso. Desplechin reduce cada secuencia para subrayar con la cámara la obviedad de sus frases resultando en oraciones prodigiosas perdidas en el contexto.
 

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