Un teléfono negro desconectado en medio de un sótano insonorizado pinta una metáfora visual en ‘Black Phone’, de Scott Derrickson, sobre la superación de los traumas en la infancia

Black Phone | StyleFeelFree
Imagen de la película Black Phone | StyleFeelFree

En un sótano insonorizado, con un colchón destartalado y un baño descompuesto. El Captor ha comenzado su sádico juego y la única escapatoria de Finney es un teléfono negro desconectado que no deja de sonar. Black Phone es un cuento macabro en el que los niños son los protagonistas y motores del filme dirigido por Scott Derrickson. Basado en el cuento homónimo de Joe Hill, la historia se sitúa en el norte de Denver, en plenos años setenta cuando el terror y la amenaza de asesinos en serie proliferaba. Finney, un inteligente e inseguro niño de 13 años, será raptado por el famoso Captor, un pseudo-mago al que se le achaca la desaparición de infantes. Casi sin ninguna esperanza de poder escapar, Gwen, su hermana pequeña, junto con las difuntas víctimas del Captor, intentarán exhaustivamente ayudar a escapar al pequeño.

Desde el comienzo del metraje se genera una atmósfera oscura donde la ficción y la realidad se desdibujan. El retrato de la década de los setenta parte de los recuerdos de Derrickson sobre una época en la que el terror y la violencia formaban parte de la rutina. El cuento del Captor comienza como una mera leyenda urbana que se termina de construir a partir de los sueños de Gwen. El único que parece temer las desapariciones es Finney, que ni siquiera es capaz de pronunciar el nombre. Todo ello se retrata bajo una cotidianeidad nostálgica y tétrica en la que el uso de las anamórficas, acompañado con el diseño de arte y producción, completan la esencia de una época. Consecuentemente, el terror se va plantando en el filme, como resultado del punto de vista infantil, introduciendo la parte fantástica lentamente dentro de la normalidad.

La infancia y adolescencia describe a una generación que resulta mucho más capaz y resolutiva que la de sus propios adultos o superiores. Mientras que los mayores subestiman a los niños, ellos están intentando sortear palizas y escapar de un asesino en serie que ni siquiera la policía es capaz de localizar. La tensión se forma en las calles y dentro del sótano, pues la falta de respuestas y el paso del tiempo apremian. Se sabe que en cuestión de días una víctima más se sumará a la cantidad de niños desaparecidos del barrio. Paralelamente, un Ethan Hawke que se esconde bajo distintas máscaras y expresiones, tan sólo desea jugar a su juego favorito con Finney quien se agarra a lo único seguro del sótano: el teléfono negro.

Y es que los fantasmas, el asesino en serie y los sueños proféticos son la propia máscara de la película. Lo que subyace al terror es una historia de superación en la que los traumas infantiles son el núcleo que mueve la trama. La lobreguez de la historia no nace del Captor, sino de los bloqueos que acarrea Finney quien ahora, incapaz de defenderse a sí mismo, se deja machacar por todo el mundo. La única luz es su hermana pequeña Gwen, una niña atrevida, inteligente y valiente que consigue guiarle en su propio camino al exterior. Así, el sótano y el asesino en serie de Black Phone cobran una dimensión inesperada, recordando al público adulto lo que realmente significa esa edad tan delicada.
 

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