Dejando a un lado lo verídico, Valerie Lemercier crea ‘Aline’, una amalgama de sentimientos propios que entremezcla con la vida de Céline Dion

Aline | StyleFeelFree
Imagen de la película Aline | StyleFeelFree

Aline habla de Aline Dieu no de Céline Dion ¿Cuál es la diferencia entre ambas? La segunda es una estrella de la música internacional e icono cultural. La primera, por otra parte, es una amalgama entre sucesos de la vida de la célebre cantante y los sentimientos de la directora del filme. Esta fusión tiene una razón de ser. Valerie Lemercier ha pasado gran parte de su vida sobre los escenarios. La cineasta conoce la sensación de llenar una sala, el calor del público y la soledad del camerino. Asimismo, ambas pertenecen a una familia numerosa. ¡En el hogar Lemercier eran más de ciento cincuenta en las cenas de Navidad! De esta forma, Valerie ve un claro reflejo de sí misma en la cantante con una única diferencia. Según la autora, Céline lograba ser positiva incluso en los peores momentos. Algo que Valerie nunca pudo.

La mezcla entre la vida de Céline Dion y los sentimientos de la autora llega hasta tal punto que Lemercier no solo dirige la obra sino que también la protagoniza llevando la película a un valle inquietante. El largometraje comprende la vida de Aline Dieu desde los cinco años hasta su etapa adulta. Lo normal sería emplear a una actriz distinta para cada etapa pero no. Valerie Lemercier, con cincuenta y ocho años, encarna al personaje en todas sus edades. A la edad de cinco años se superpone su rostro sobre un cuerpo infantil mediante cgi. A la edad de doce años se construyen sets desmedidos con el fin de hacer parecer a la actriz más pequeña. De esta forma, el largometraje se llena de recursos que, aunque ingeniosos, impregnan la obra de un aire bizarro.

Además, Lemercier hace un uso peculiar de su banda sonora. El espectáculo principal no son las canciones sino el sentimiento que expresan. Toda la película gira en torno a los estados emocionales de la protagonista. Por ello, la realizadora novel no malgasta tiempo en pantalla con espectáculos de canto banales. La primera reunión de Aline y sus padres con el productor Guy-Claude Kamar –figura inspirada en René Angélil– define a la perfección esta intencionalidad. Es la primera vez que se conocen. Todo parece avanzar con tranquilidad hasta que le pide cantar. La tensión alcanza entonces su culmen. Sin embargo, antes de poder oír la voz de Aline la escena se silencia. No hay canción. Solo vemos el rostro del productor enternecerse con lágrimas en los ojos. Esta es la clave. Lemercier emplea su banda sonora para enfatizar en los sentimientos de una vida aunque eso suponga enmudecer a Céline Dion.

Aline es extraña, no por la elección de mantener a una actriz de 58 años a lo largo de la película sino por el aura que desprende. Valerie Lemercier parece sentirse un intento de Céline Dion siendo el filme una tentativa de vestirse con la que podría haber sido su piel. Esto último, no es un defecto pero sí un detalle que enrarece el panorama. Aún así, hay más lecturas posibles. Puede ser un intento de la directora de expresar las emociones de toda su vida bajo el paraguas del éxito comercial que supone Céline Dion. Sea cual sea el motivo, resulta poco relevante. Aline es puro sentimiento. Una historia conmovedora armonizada con éxitos icónicos. La banda sonora de toda una vida hecha imágenes.
 

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