Rosana G. Alonso

En un momento de gran debate en torno a la llamada ley trans, la película ‘Sedimentos’, de Adrián Silvestre, hace un extraordinario ejercicio de libre albedrío

Sedimentos | StyleFeelFree
Imagen de la película Sedimentos | StyleFeelFree

Hay una frase ya mítica de Simone de Beauvoir, “no se nace mujer, se llega a serlo” a la que hace honor Sedimentos. La película de no ficción dibuja un retrato heterogéneo de seis mujeres trans que se reúnen en un pueblecito de León. Ellas son Magdalena, Alicia, Cristina, Tina, Saya y Yolanda. A pesar de ser de diferentes generaciones y formas de pensar que incluso rayan lo opuesto, comparten algo en común. Todas, en algún momento de sus vidas, tuvieron claro que su género biológico no se correspondía con aquel con el que se identificaban. No obstante, el camino para unas y otras ha sido muy distinto. También, porque aquí se ve la diferencia de unas generaciones a otras, y el apoyo que han tenido o no para llevar a cabo su decisión personal de definirse, presentarse y estar en el mundo.

La película, dirigida por Adrián Silvestre, entra en un momento de gran debate en torno a la llamada ley trans aprobada por el Gobierno de España recientemente y todavía en trámite. Por eso, en el último año los discursos en torno a la autodeterminación de género han sido muy candentes. En este sentido, no es solo que Sedimentos llegue en un momento oportuno, sino que además se puede mirar hacia atrás y ver cómo ha sido todo ese recorrido que han hecho las personas trans. Por otra parte, la perspectiva que toma Silvestre es muy abierta. No trata de sensibilizar a los públicos por medio de un guion mediado y forzado. En lugar de ello, hace un extraordinario ejercicio de libre albedrío que implica tanto a la audiencia como a las protagonistas de este filme.

Si por una parte sus protagonistas son libres de expresarse, participando en una especie de terapia psicológica, el espectador tiene la sensación de tener el privilegio de estar ahí. Escuchando sus vivencias, sí. Pero también constatando que no se les puede aplicar una etiqueta a todas las personas trans por el hecho de serlo. El paisaje humano que se presenta tiene mucho que ver con el título. Sedimentos, en una de sus acepciones se define como el resto o señal que queda de algo inmaterial al pasar de un estado a otro. Ellas han pasado o están pasando un proceso de trasmutación importante en sus vidas que las coloca en un lugar aspiracional, limitado por los estrechos resortes sociales que todavía imperan. Aún queda mucho por hacer hasta que, remitiéndome a Paul B. Preciado, la multiplicidad de los cuerpos derribe las fronteras binarias que nos reducen a etiquetas. A todos.
 

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