Jaime G.
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Pietro Marcello lleva a la pantalla ‘Martin Eden’, su versión particular, a la italiana, de la novela homónima de Jack London

Martin Eden | StyleFeelFree
Imagen de la película Martin Eden | StyleFeelFree

En la Italia convulsa de comienzos del siglo XX, Martin Eden es un joven marinero que malvive al margen de la sociedad. Todo comienza a cambiar cuando conoce a Elena, hija de liberales burgueses, de quien se enamora perdidamente. A causa de su obsesión con ella, Martin se empeña en formarse culturalmente, por cuenta propia, a base de leer sin cesar. En su travesía intelectual e ideológica encuentra su vocación en la escritura, de modo que hará lo posible por llegar a vivir de sus publicaciones. Martin Eden es la vida de un hombre enfrentado a sus condiciones materiales que, consumido por una moral individualista, desciende progresivamente hacia la locura.

Pietro Marcello realiza un recorrido por la vida del personaje ficticio de Martin Eden, imaginado por primera vez por el novelista estadounidense Jack London. El filme tan solo toma al original como inspiración, aquel sujeto sobre el que London escribió en tono autobiográfico en 1909. En cualquier caso, el realizador italiano logra una película a la altura de la magnitud de la historia que quiere contar. Así, la primera mitad del filme alcanza a ser brillante en numerosas ocasiones, con una puesta en escena muy atractiva desde el momento inicial. La propuesta de Marcello es accesible, y resulta especialmente atractiva en la presentación de Martin, interpretado por un Luca Marinelli colmado de encanto.

Martin Eden logra transmitir la complejidad del contexto social y político en el que se ubica la historia. En ningún momento se alude a un año concreto, aunque se da a entender que se trata de las primeras décadas del siglo XX. Es la época del surgimiento de los movimientos sociales, del desasosiego del proletariado y del temor. Pero sobre todo, de la esperanza. Marcello es sutil en el tratamiento del elemento político del filme, si bien, no termina de desarrollarlo. Y de este modo, la narración se siente demasiado apresurada por momentos. Un ejemplo es la forma en la que la perversión moral de Martin se encuentra en el subtexto de la cinta. Funciona por sí solo, sin embargo, temiendo que esto no sea lo suficientemente obvio, se empeña en remarcarlo a base de manierismos desgastados.

En su pretensión por resultar inteligible, la historia pierde potencial y se olvida de otorgar profundidad a todo aquello que rodea al protagonista. Hay una falta de tacto en cuanto a tratar las relaciones de Martin con las personas que suponen un punto de inflexión en su odisea. El principal problema de la película parece ser ese, la impaciencia del cineasta por contar la historia de Martin Eden.
 

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