Mariale Morales
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Inspirándose en su propia experiencia, ‘Alegría’, la ópera prima de Violeta Salama, nos intenta dar un mensaje positivo sobre la multiculturalidad y la familia

Alegría | StyleFeelFree
Imagen de la película Alegría | StyleFeelFree

Cada día vivimos en un mundo en donde encontrarse o convivir con alguien de otra cultura es más habitual. Es inevitable que eso genere algún tipo de conflicto, ya sea grande o pequeño. Sin embargo, en ese intercambio cultural podemos aprender cosas nuevas sobre el mundo en el que vivimos. En Mi gran boda griega, el conflicto cultural se explora de una manera cómica, burlándose cariñosamente de las tradiciones. El enfoque siempre es positivo y el objetivo es darnos a entender, independientemente de dónde seas, todos queremos la felicidad de nuestra familia. Es posible que Violeta Salama haya querido hacer lo mismo con Alegría, su primer largometraje. Pese a ello, en el intento de unificarnos en torno a la multiculturalidad, pasa superficialmente por las complicaciones y diferencias culturales entre las protagonistas. Por ello, el final está por encima de las ambigüedades socioculturales.

Alegría es una doctora en excedencia que ha regresado a su natal Melilla en búsqueda de un poco de paz y tranquilidad. Sin embargo, eso acaba cuando su sobrina, Yael, anuncia su matrimonio con un joven melillense judío. A partir de eso, toda la familia se instala en la casa familiar para los preparativos de la boda. La protagonista ha vivido a espaldas de sus raíces judías, y la invasión de su hogar pone su vida de cabeza. Pese a ello, la joven marroquí que le ayuda en casa, Dunia (musulmana), y su mejor amiga, Marian (católica), están dispuestas a ayudarla. No obstante, las estrictas preparaciones nupciales ponen en la mesa las diferencias culturales entre las mujeres. A pesar de ello, siguen avanzando con las planificaciones. Así, en el camino se dan cuenta de que sus diferencias son insignificantes en contraste a lo que las une.

La película es un drama con un enfoque positivo que busca ser una feel good movie. Esto es, quiere que salgamos del cine sintiéndonos bien. Y no tiene nada de malo si no fuera porque Alegría acapara demasiados conflictos y los quiere resolver en dos horas. De hecho, la reconciliación entre culturas —y familia—, la convivencia y la búsqueda de la armonía son temas complicados. Individualmente, cada uno de estos asuntos puede ser desarrollado exhaustivamente, pero al enfocarse en todos, Salama pasa por encima de los problemas para llevarnos del punto C al D lo más rápido posible. De esta manera, saltando entre dilemas, la película acaba estando al servicio del mensaje, y no al de la historia o los personajes. Obviamente, el mensaje es importante. Lo que ocurre es que los personajes en lugar de ser explorados resultan estereotipos al servicio de un final.
 

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