Rosana G. Alonso
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Seleccionada para la sección internacional del Documenta Madrid 2020, ‘This Is Not a Burial, It’s a Resurrection’ es un extraordinario retrato de la resistencia de una mujer, enfrentada al sistema, y al peso de su propia existencia

This Is Not a Burial, It's a Resurrection (2019) de Lemohang Jeremiah Mosese | StyleFeelFree
Imagen de la película This Is Not a Burial, It’s a Resurrection de Lemohang Jeremiah Mosese

El cine africano no deja de ser un rara avis en los circuitos comerciales. En los Festivales de Cine tampoco suele tener mucha presencia. Pero cuando lo hace, llega como un soplo de aire fresco que busca remover las conciencias, asumiendo retos al saberse una cinematografía con una naturaleza fecunda, por explorar. Así ocurre con This Is Not a Burial, It’s a Resurrection que estos días estará compitiendo en la sección internacional del Documenta Madrid. Retrato de un poderosísimo personaje femenino y del dolor comunal que sufren los habitantes de una zona rural de Lesoto, es también una película reveladora y esplendorosa en lo artístico. Con un formato que nos invita a colarnos por una suerte de ventana mágica que nos adentra en un mundo que se nos asemeja exótico, la cinta de Lemohang Jeremiah Mosese nos descubre paisajes íntimos que exploran la condición humana.

De lo individual a lo coral, el cineasta africano afincado en Berlín, ahonda en la fragilidad, la supervivencia, la resiliencia y la fraternidad. Hipervisibles cuando sus oponentes se enfrentan a lo humano para derrocarlo. En aras del progreso y del poder del capital, todo se distorsiona. La retórica se desplaza y extravía equivocando el sentido de la palabra. En una sociedad enloquecida por el estruendo del mensaje falseado, solo la visión de una mujer octagenaria pondrá lucidez a los hechos. Ella es Mantoa, una anciana que ha perdido a su marido, a sus hijos, a su nieto. Que se ha quedado sola, esperando, desesperada, su propia muerte. No obstante, todavía le queda la última batalla por vivir para morir con dignidad. Extraordinario retrato de la resistencia de una mujer, enfrentada al sistema, y al peso de su propia existencia, la película tiene escenas sublimes, poderosísimas, de inmensa fuerza narrativa.

Con una composición y sentido humanista cercano a la cinematografía de Pedro Costa, Mosese experimenta entremezclando lo ancestral, lo divino y lo terrenal, en una obra que busca la luz. El ritual de la imagen se integra aquí con la fuerza de la palabra de un narrador-mago que recuerda lo que hemos perdido, para poner en su sitio lo que está por llegar. La vida y la muerte se cruzan, lo viejo y lo nuevo, el dolor con la redención, el sufrimiento con la liberación del espíritu. Las sombras continuamente nos estimulan para ponernos a prueba. Para que seamos capaces de enfrentarnos a nuestros miedos y ver hasta dónde podemos llegar. Y hasta dónde es capaz de llegar la vida, arrastrándonos con ella para ordenar el caos; o al menos, encontrar una explicación a lo que siempre se repite. El ciclo de la vida. Maravillosamente escenografiado e interpretado con aplomo por Mary Twala Mlongo, una actriz que se hace inmortal con una de las interpretaciones más conmovedoras de los últimos años.

This Is Not a Burial, It’s a Resurrection brilla es su magnitud. Colosal prosa poética de lo marginal, de un local que ha dejado de estar supeditado a lo universal. En todo lo humano, sus rasgos y emociones, nos reconocemos. De no ser así, perderíamos la comprensión de los hechos en escenarios cíclicos y protagonizados por una humanidad que una y otra vez, comete los mismos errores.
 

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