Jaime G.
Conecta

Crónica del día 2 del Festival Cine por Mujeres 2020, de la sección oficial a competición, narrado in situ desde la sala de proyecciones del Cine Estudio del Círculo de Bellas Artes

Saint Maud | Día 2 del Festival Cine por Mujeres 2020 | StyleFeelFree

Imagen de la película Saint Maud de Rose Glass | StyleFeelFree

La variedad de estilos fue la gran protagonista del día 2 del Festival Cine por Mujeres 2020, una tarde de viernes que comenzó en Corea del Sur y atravesó los nevados parajes de la Laponia finlandesa hasta llegar a las costas del norte de Inglaterra.

La primera proyección fue The House of Us, la obra más reciente de la cineasta Yoon Ga-eun en la que cuenta una historia sencilla, pero formidablemente ejecutada. Muy en la línea del cine coreano contemporáneo, especialmente en cuanto a la elección de la familia, el hogar o la infancia como los temas centrales de la cinta, la película consigue evocar un reconfortante sentimiento de ternura gracias a la armonía entre todos sus elementos. La directora no se separa de la mirada infantil —pero a la vez nada ingenua— de Hana, la niña protagonista, a través de cuyos ojos se nos recuerda como la vida nunca dejó de ser un cúmulo de pequeñas aventuras a las que no queda otra opción que hacer frente.

El segundo turno fue para Aurora, la primera comedia proyectada dentro de la sección competitiva como parte del Festival Cine por Mujeres que viene de la mano de la directora finlandesa Miia Tervo. Un argumento tragicómico predecible, personajes secundarios repletos de estereotipos y chistes cuyo remate no va más allá de lo escatológico o de bromas locales entre escandinavos hacen de esta cinta algo profundamente olvidable que, aun llegando a comprender la buena acogida en su país de origen, no hay mucho que la haga destacar a nivel internacional dentro del sinfín de películas calcadas que fabrica al año la gran máquina comercial.

Frente a la sala con más público hasta el momento, daba comienzo el último pase de la noche. Rose Glass debuta como directora con Saint Maud, un filme que se suma a cierta corriente del cine de terror producido en los últimos años que deja a un lado los típicos sustos a los que estaba mal acostumbrado y tiende a construir una atmósfera angustiosa en la que el miedo adquiere una nueva capa de profundidad. Con este relato, que reflexiona sobre la delgada línea que separa devoción de obsesión a través de Maud, una reinterpretación moderna de la figura cristiana del mártir que encarna la actriz galesa Morfydd Clark, la cineasta se erige como otra joven promesa junto a directores como Robert Eggers o Ari Aster.