Rosana G. Alonso
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Con Vitalina Varela el cineasta portugués Pedro Costa representa, de forma extraordinaria, el sufrimiento femenino y la soledad en las condiciones de desigualdad que enfatiza la pobreza

Vitalina Varela | StyleFeelFree

Imagen de Vitalina Varela | StyleFeelFree

Vitalina Varela, en la última película de Pedro Costa, no es un personaje de ficción. La descubríamos en Caballo dinero, el anterior proyecto de Costa, como un reflejo natural que ahora se manifiesta prodigioso. Vitalina Varela, la película, es un homenaje a una figura que se revela singular y universal. Un portento de mujer que se vuelve escultórica en pantalla para representar el sufrimiento femenino y la soledad. Pero también la fortaleza del que sobrevive aceptando con resiliencia la tragedia que sobrelleva su historia. Si en el cineasta portugués, conocido por su uso tenebroso de la luz que secuestra las sombras, el negro es el color de la vida, aquí se intensifica su poder para hacer un retrato no de una mujer en particular, sino de la mujer en un marco de marginalidad y pobreza.

Con una sensación de profundidad y volumen magistrales, Vitalina Varela es además la película en la que Costa ha pensado más en el espectador. Los monólogos son extraordinarios y los primeros planos en contrapicado, que acentúan a la protagonista, se resuelven con un grado de devoción por el rostro que enmarca. Vitalina habla para ser escuchada, alcanzando su voz una dimensión sobrehumana. El silencio también es un personaje. Y la simbología que acecha un espacio fantasmagórico dominado por la fe.

Al mismo tiempo, y ordenando una atmósfera claustrofóbica, la expresión corporal de Vitalina Varela reformula lo escultórico para llevarlo a una magnitud desconocida en el cine. Una cámara estática, un ritmo lento y una iluminación, que inevitablemente nos remite a Caravaggio, hace el resto. Se logra así que nos quedemos fascinados por una cinematografía que se vuelve modelo de sí misma, en la composición de una contemporaneidad del desarraigo, de un Portugal que es espejo de realidades en la sombra.

Este proyecto, que parece esclarecer las ideas abstractas de Caballo dinero, vuelve a contar asimismo con Ventura, un actor que aquí se transforma en un angustiado cura que ha perdido la fe. Junto a Vitalina, tiene una escena gloriosa en una improvisada y desvencijada iglesia que ofrece una visión de la soledad, la fragilidad humana y la rabia, subrayada por la desesperación, que nos impulsa a seguir viviendo. La rabia transformada en coraje. El coraje que lleva a Vitalina a sobrevivir a un marido desertor y desleal, para contar no solo su historia, sino la historia de la mujer en una condición de desigualdad que se evidencia en la pobreza. A todas estas mujeres Pedro Costa les levanta un obelisco que disipa todas las sombras y las dudas. Esta película será recordada como una de las mejores obras de Pedro Costa, y una de las que mejor representa el sufrimiento y la resiliencia femenina. Nítida en la oscuridad.
 

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