Rosana G. Alonso
Conecta

Feminismo y homosexualidad se dan la mano en ‘Un amor de verano’, una película que evita caer en el exceso logrando hacer un retrato fidedigno de las luchas feministas y del amor lésbico

Un amor de verano | StyleFeelFree
Fotograma de Un amor de verano | StyleFeelFree

No es que sean numerosas, pero películas de temática gay con protagonistas mujeres hay algunas reseñables. La más reciente, Carol de Todd Haynes, acudió a los cincuenta. Esto le permitió además de sacar a la luz una época de claroscuros en cuanto a la libertad de amar, hacer de la cinta una preciosa tarjeta postal gracias a un diseño de producción memorable, escenario que sirvió de telón de fondo para unas convincentes interpretaciones de la mano de Cate Blanchett y Rooney Mara. Anteriormente, La vida de Adèle de Abdellatif Kechiche, logró arrasar en numerosos festivales como en Cannes. Pero su excesivo ímpetu sexual y los planos domesticados, afligieron buena parte de un filme que al menos consiguió hacer el ruido necesario para abrir un debate en torno a la libertad sexual.

Ahora llega a las salas Un amor de verano de Catherine Corsini, una realizadora que consigue con su último trabajo revivir el espíritu de una época, la de los setenta franceses, cuando París todavía seguía ostentando el título de capital en defensa de los derechos por la libertad, la fraternidad y la igualdad, preceptos que toman la palabra en una de las mejores escenas que nos ha deparado el cine en los últimos años. La que recupera una reunión de mujeres feministas en el anfiteatro de la Sorbona que finaliza con El himno de las mujeres, un emotivo tema musical que matiza las intenciones de Un amor de verano al hacernos partícipe de lo político, en una historia romántica que no exacerba lo carnal como método estético, sino que recurre a lo corporal para poner de manifiesto la libertad de amar, de sentir, de ser, en distintos espacios. De ahí que se haya optado por diferenciar las pautas sociales en la ciudad, donde se conocen las dos protagonistas; y el campo, en donde viven su idilio, a pesar de que es precisamente un lugar en el que en apariencia, sigue habiendo una etiqueta mayor en los modos de comportamiento porque en las grandes urbes cuando no se aceptan ciertas conductas alejadas de los mandatos del heteropatriarcado, es posible elegir si no un anonimato, que en la práctica también es complicado, una mayor intimidad. Estas diferencias son también visibles en sus dos personajes. Carole, que vive en París y Delphine, que huye del campo para recobrar su identidad. Nombres inspirados en Carole Roussopoulos y Delphine Seyrig, realizadoras que filmaron películas militantes de índole feminista y a las que se les homenajea con el detalle de recuperar sus nombres en una película imprescindible para no olvidar el legado que nos dejaron muchas de las primeras feministas, que además, en no pocas ocasiones, eran lesbianas. Es importante recordarlo y tampoco eso impide que el feminismo lo hayan adoptado muchas mujeres heterosexuales que han tomado conciencia de su situación precaria en un sistema social que sigue siendo falocrático.
 

Tráiler de Un amor de verano | StyleFeelFree Youtube

FICHA TÉCNICA
Título original: La belle saison (Un amor de verano)
Dirección: Catherine Corsini
Guión: Catherine Corsini, Laurette Polmanss
Fotografía: Jeanne Lapoirie
Dirección artística: Anna Falguères
Vestuario: Jürgen Doering
Música / banda sonora: Grégoire Hetzel
Montaje: Frédéric Baillehaiche
Reparto: Cécile de France, Izïa Higelin, Noémie Lvovsky, Kévin Azaïs, Laetitia Dosch, Benjamin Bellecour, Eloïse Genet, Patrice Tepasso
Fecha de estreno España: 1 de junio de 2016
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