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En el documental ‘La cordillera de los sueños’ Patricio Guzmán, a través de sus memorias, representa los sueños perdidos de muchas generaciones tras un conflicto armado

La cordillera de los sueños | StyleFeelFree
Imagen de la película La cordillera de los sueños | StyleFeelFree

La cordillera de los Andes representa un gran porcentaje del territorio nacional de Chile. Es una muralla natural que la separa de Argentina y es difícil de ignorar si visitas la capital, Santiago. Es impresionante ver a una de las ciudades más prolíficas y modernas de América del Sur compartir el mismo espacio con una maravilla natural. Sin embargo, para muchos ciudadanos, esta cadena de montañas pasa desapercibida. Siempre ha estado ahí y no le prestan mucha atención. Pero para Patricio Guzmán, representa algo más. Es una constante en la vida de su ciudad y el país. Tal es así que en La cordillera de los sueños compara la presencia inamovible de las montañas con el pasado de un país que ha sido “olvidado” por sus ciudadanos y que ya no se puede ignorar más.

Guzman narra en primera persona sus recuerdos de la ciudad de Santiago y su infancia. Nunca le prestó atención a la cordillera que rodea la ciudad. Cuando empezó su carrera como cineasta, lo siguió desatendiendo. Había cosas más importantes que capturar, como la crisis política y el eventual golpe de Estado. Al ser un perseguido político, se vio obligado a salir de Chile. Por eso, con el pasar del tiempo empieza a pensar más en la cadena montañosa que bordea la ciudad en la que nació. A su vez, reflexiona —con la ayuda de otros artistas e intelectuales— sobre la historia reciente de su país. Específicamente sobre la dictadura militar, los abusos y sus efectos hasta el día de hoy.

Podríamos describir el documental como poético. Se intenta crear un lazo entre la grandeza e indiferencia de la naturaleza y los horrores que los chilenos tuvieron que sufrir durante la dictadura militar. Es claro que para Guzman, la búsqueda del significado a todo lo ocurrido es personal y, probablemente, el motivo de mucha tristeza. Como muchos, tuvo que huir de Chile, y vive en Francia desde hace más de cuarenta años. Por consiguiente, cada vez que visita su ciudad se siente como un extranjero más Santiago ha dejado de ser la ciudad de su infancia. Sin quererlo, las memorias de Guzmán pueden representar hasta cierto punto los sueños perdidos de muchas generaciones tras un conflicto o guerra. Es la dura realidad de que la vida no va a ser igual, que ganó la violencia y tu país ya no será el mismo.

Por todo ello, quizás el testigo más sobresaliente del documental sea el heroico Pablo Salas. Un documentalista chileno que nunca se fue del país. Se quedó en Chile, filmó todo lo que podía y hasta el día de hoy sigue filmando. Tiene en su poder cuarenta años de la historia colectiva de su ciudad y país. En particular, las protestas, los enfrentamientos con la policía y muchas cosas más. Es un hombre duro y lamentablemente el tiempo lo ha vuelto cínico. No obstante, así como las montañas, su trabajo es difícil de ignorar y está ahí para quedarse.
 

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