Adrián Lavandera

Rafa Russo ficciona la dictadura uruguaya de los 70 en ‘El año de la furia’ para concienciarnos sobre la importancia del miedo y su gestión emocional

El año de la furia | StyleFeelFree
Imagen de la película El año de la furia | StyleFeelFree

Dos guionistas de televisión se ven sumidos en una oleada de malestar social que les deja con muy pocas alternativas. A través del personaje de Alberto Ammann, Rafa Russo dirige en El año de la furia lo que podría considerarse un cine coral, y hasta obliga a empatizar con un fantástico malo Daniel Grao. Maribel Verdú, o una sorprendente Sara Sálamo, también forman parte del elenco y ejemplifican lo que podría ser ese otro extracto más de aquella progresista Uruguay que poco a poco se sumía en tinieblas. Es pura ficción, pero su intento de reflejo social de la época se matiza en la diversidad de personajes.

Con un interesante inicio de primer acto, la historia demuestra la presencia de un guionista con ambición en la narrativa. Varios personajes protagonistas, un malo que se relaciona sexualmente con uno de ellos, un bohemio secundario que vive una vida aparte, aterrado con sus fantasmas… La película es amplia. Demasiado amplia. La necesidad de reflejar expresamente la realidad social de un país manda en la trama. Y la sensación de miedo es latente en cada uno de los personajes. Los conservadores lo llevan de una manera, los jóvenes de otra, los inmigrantes españoles lo miran a la cara. El mayor misterio parte del amigo bohemio, que se sabe que le ocurre algo, pero no se sabe muy bien el qué. El año de la furia cuenta el problema principal de muchos personajes, en unas circunstancias muy especiales.

El inicio de una dictadura y la gestión emocional de la ciudadanía en este tipo de situaciones sociales es el principal enfoque de la trama. En esta cinta cada personaje interioriza el miedo de diferente manera. El malo que nos encanta y que parece querer salvarse a sí mismo se vuelve malo otra vez por miedo. El bohemio que sufre de sus fantasmas, héroe ideal, deja de sufrir y es el que sirve de apoyo a su amigo porque lo supera. El personaje principal, incluso, que decide luchar por encima de todo, descubre que sin miedo no se vive. Entonces aprende que a veces hay que evadirse de él mediante cosas mínimas, como beber unas cervezas y ligar con chicas. El año de la furia es una película humana y social sobre el miedo, con la dictadura de Uruguay del 73 en toque de thriller como novedad.
 

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