Rosana G. Alonso

Dirigida por Adrian Noble, La Sra Lowry e Hijo no pretende centrarse en el pintor inglés, interpretado por Timothy Spall, sino explorar la intensa y claustrofóbica relación con su madre

La señora Lowry e hijo | StyleFeelFree
Imagen de la película La Sra Lowry e Hijo | StyleFeelFree

Es uno de los actores más carismáticos del Reino Unido. Timothy Spall, que recientemente estuvo a las órdenes de Isabel Coixet en Nieva en Benidorm, nos ha ofrecido personajes para el recuerdo. Especialmente, los que interpretó bajo la batuta de Mike Leigh. En Secretos y mentiras y Todo o nada, algunos de los trabajos más memorables de Leigh, su peso es clave. Desde hace unos años, su nueva figura esbelta, destapa un cariz menos imponente, acentuado por una fragilidad perceptible, también por la edad. Por ello, el talante que nos muestra ahora en La Sra Lowry e Hijo, comparado con el que interpretó para Mr Turner, no resulta reiterado, a pesar de que ambos están centrados en pintores ingleses. Su compenetración con Vanessa Redgrave, por otra parte, convierte la cinta en una extraordinaria fuente para indagar en las contradictorias relaciones materno-filiales.

Dirigida por Adrian Noble, La Sra Lowry e Hijo no pretende centrarse en el artista. Aunque la cinta comienza con una presentación de L.S. Lowry en la que se define como “un hombre que pinta, nada más y nada menos”, su gran desafío no es definirse y definir de esta forma su trayectoria, sino enfrentarse a su sombra. En este caso, representada en la figura de su madre. A ella se mantuvo unido hasta que esta falleció. La intensa y discrepante relación que tuvieron se revela latente en este cara a cara. Es cierto que todas las relaciones cinematográficas madre e hijo de esta índole, tienen que medirse con la insuperable obra que Aleksandr Sokurov tejió en Madre e hijo. No hay tanta lírica aquí, pero sí podemos apreciar el dolor, la ternura y la compasión en un filme que tiene escenas de extraordinaria riqueza emocional.

Mínimal, sugerente y claustrofóbica La Sra Lowry e Hijo no busca retratar a una mujer, la madre del artista, desde una perspectiva unifocal que trataría de encasillarla en un prototipo restrictivo y avasallador. Redgrave está pletórica en momentos de realce de gran ambivalencia discursiva. Tan pronto parece una niña desprotegida, como una severa madre, como una adolescente ilusionada con una nueva amistad que la proyecta. A pesar de ello, no llega a deslucir el papel de Timothy Spall. Juntos protagonizan instantes memorables. Sin necesidad de grandes narrativas y con un diseño de producción minucioso, en un espacio muy reducido, que explora las relaciones, más allá de la lógica del amor romántico.
 

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