Rosana G. Alonso
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Después de dirigir ‘La clase de esgrima’ Klaus Härö presenta ‘El artista anónimo’, una película que hará las delicias de los que disfrutan de trabajos sin subterfugios ambiguos

El artista anónimo | StyleFeelFree

Imagen de El artista anónimo | StyleFeelFree

Tras dirigir La clase de esgrima, película nominada a un Globo de Oro, y con otra pendiente de estreno en España, Klaus Härö presenta El artista anónimo, un relato que tiene una cadencia y cromática similar a El vendedor de tabaco de Nikolaus Leytner. Menos pretenciosa que sus precursores proyectos, la historia, aunque parece extraída de una novela, es una ficción de Anna Heinämaa, guionista con la que colaboró en su anterior trabajo. El actor Heikki Nousiainen también vuelve a participar como protagonista, tras el excelente trabajo que realizó en Cartas al padre Jacob. Ahora interpreta a Olavi, un viudo apasionado por el arte y obsesionado con hacer una buena venta antes de cerrar su negocio para siempre, en un mundo en el que las plataformas on line están cambiado las reglas del juego.

Con una cromática cálida y un ritmo eficaz, El artista anónimo vuelve la mirada a un cine sosegado, que mira con empatía a sus personajes y las historias que los envuelven, recordándonos al José Luis Garci más nostálgico. Pensado para un público generalista que disfruta en pantalla de narratividades más literarias que cinematográficas, el conjunto de vitalistas mensajes y de superación que se van forjando a medida que se avanza en el metraje, hará las delicias de aquellos que disfrutan de trabajos sólidos y sin subterfugios ambiguos. El artista anónimo no pretende tampoco jugar al despiste. Sus figuras interpretativas están bien construidas y avanzan con la historia sin perderse en una fórmula que busca poner sobre la mesa distintos temas sin demasiado paternalismo.

Por un lado la película enfrenta dos mundos: el moderno y tecnológico que queda fijado en el personaje que interpreta Amos Brotherus como nieto del protagonista; y el mundo antiguo representado por su abuejo (Heikki Nousiainen). Por otro lado hay un gran interés en tratar el tema de la familia y las obligaciones familiares que franquean la propia trayectoria profesional. Y finalmente, la cuestión de la vejez, evitando mirarla con condescendencia. A pesar de la fragilidad y severidad que caracterizan al rol principal, el espectador fácilmente se pondrá en su piel para vivir lo que significa tener la última oportunidad de ‘hacer algo’, para ser recordado con cariño y respeto por las generaciones futuras.
 

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