Rosana G. Alonso
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Inspirada en una historia real, ‘Aguas oscuras’ pone de manifiesto el conocido caso Wilbur Tennant, una historia protagonizada por un magnífico Mark Ruffalo en un papel que habla de su compromiso con el cine

Aguas oscuras | StyleFeelFree
Imagen de Aguas oscuras | StyleFeelFree

Es bastante frustrante advertir que las películas de denuncia, cuando sacan a la luz los trapos sucios de grandes corporaciones, personajes que despliegan todavía su poder, u organismos omnipotentes, son generalmente silenciadas o poco apreciadas en el circuito de festivales y premios. Ocurre muy a menudo, aunque el traje que vistan sea a medida y el impacto que logren pueda ser más marcado que en el género documental, más proclive a este tipo de tesituras porque su formato permite involucrar fácilmente a todas la fuentes disponibles. Sin embargo, desde la ficción, si el elenco actoral es capaz de meterse de lleno en la historia, texturizando y contextualizando el guion para hacerlo diáfano, las posibilidades de conectar con el público se multiplican. Por otra parte, no existe tanto riesgo de perderse en páramos monocromos, ya que todo alrededor puede ser recreado para facilitar que la narración fluya.

De hecho, Aguas oscuras, dirigida sorpresivamente por Todd Haynes que hasta ahora no lo ubicábamos en un cine de suspense repleto de informantes, que nos trae a la memoria al mejor Alan J. Pakula, es uno de los grandes títulos olvidados de los últimos certámenes y festivales de los que nos llegan noticias estas últimas semanas. Protagonizada y producida por Mark Ruffalo, es una cinta a la que habría que ponerle la quizás abusiva etiqueta de cine necesario, porque efectivamente cuenta un caso verídico que se debería difundir por todos los medios posibles, para concienciar de los abusos del sistema capitalista. Es un filme que nos ayuda a entender el mundo en el que vivimos creando conciencias ecológicas, no solo desde el terreno de lo ambiental, sino también desde lo humano, contribuyendo a que veamos la fuerza de las redes de colaboración y empatía.

Inspirada en una historia real, Aguas oscuras pone de manifiesto el conocido caso Wilbur Tennant, que recogió exhaustivamente Nathaniel Rich en el artículo The Lawyer Who Became DuPont’s Worst Nightmare (El abogado que se convirtió en la peor pesadilla de DuPont], para el New York Times. Este relato acopia la experiencia vital de un abogado ambiental que pasa de trabajar para poderosas industrias químicas, a ser un defensor de la gente sin recursos. Ello evidencia las diferencias sociales y la prepotencia de un poder cegado por la codicia. Un testimonio lleno de humanidad, humanamente retratado por un sensible y magnífico Mark Ruffalo en un papel que guarda cierta familiaridad con el que realizó para Spotlight y que habla de su compromiso con el cine, esencial para poner luz en la cripta en la que nos tiene encerrados el poder de toda índole.

El tema bien podría ser carne de cañón de un combativo Michael Moore, sin embargo con Haynes en la dirección las posibilidades fílmicas se concretan activando unos sucesos que nos atraviesan porque nos apelan directamente. A través de ellos, comprendemos que el precio que hay que pagar para hacer justicia tiene un valor universal.
 

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