Rosana G. Alonso

En ‘La mirada del silencio’ Joshua Oppenheimer lidia con los asesinos del genocidio indonesio, poniendo la óptica adecuada para que seamos capaces de escrutar lo que sienten sus supervivientes

Documental, la mirada del silencio | stylefeelfree
Fotograma de La mirada del silencio | StyleFeelFree

El genocidio indonesio (1965-1966) pasó de puntillas por los medios de comunicación. En todo caso, se desenvolvió incluso con aprobación. La manipulación ostensible, en grandes medios de comunicación, con credibilidad suficiente para tejer contenidos provistos de grandes coartadas, hizo también de las suyas. Recuerda Joshua Oppenheimer (Austin, Texas, 1974), director de La mirada del silencio que aborda en formato documental el genocidio indonesio por segunda vez tras la aclamada The Act of Killing, que en la época, periódicos como el New York Times celebraba la noticia de la victoria de la dictadura militar con un titular tan poco informativo como Un rayo de esperanza para Asia. Claro que EEUU había tenido un papel destacado en la barbarie con la intención de salvaguardar sus intereses económicos. Por otra parte, el mundo seguía inmerso en la denominada Guerra Fría. La mirada imparcial no parecía existir tampoco en los medios. O estabas a favor del comunismo, o estabas a favor del capitalismo. Por esta razón, que medio siglo después un americano de Texas no sólo rompa el silencio custodiado por el terror, sino que además desenmascare la mentira evidenciando que el sistema actual en Indonesia sigue gobernado por los verdugos de aquel vergonzoso episodio en la historia, es ya de por sí asombroso, independientemente de la destreza con que Oppenheimer consigue enroscar el drama con todos los recursos que la narración le brinda para que el ritmo sea adecuado y la óptica, el lente con el que destapa a sus protagonistas, sea también el correcto para que la mirada del espectador se active.

Un talento tanto el de Joshua como el de su equipo —la mayoría figura en los créditos como anónimo por la transcendencia del tema que se cuenta— que brilla en la ejecución para hilar la historia, las múltiples historias que nos retrotraen a esos hechos que componen un relato coral abanderado por otro individual, transcendental para aclarar la nocturnidad y alevosía con que se acometió la masacre. A saber, todo conduce a Ramli, una víctima más pero con una historia repleta de detalles que no pasaron desapercibidos por nadie. El relato de Ramli que Oppenheimer conoció cuando en 2001 fue por primera vez a Indonesia para grabar el documental The Globalisation tapes con la intención de hacer visible las terribles condiciones que sufrían los trabajadores de las plantaciones de palma de aceite, le llevó a Indonesia dos años después.

Consciente del riesgo que suponía destapar la verdad de Indonesia porque los asesinos seguían en el poder, pero alentado por las víctimas, decidió dar un paso hacia delante y desvelar la atrocidad que esperaba tuviese eco en la comunidad internacional, pero sobre todo, en la propia Indonesia. Lo que no adivinaba es que el material que iba a conseguir grabar fuese tan impactante. Las declaraciones de los protagonistas de la barbarie no tienen desperdicio. Como si tal cosa, se enfrentan a la cámara fanfarroneando de lo que consideraban —y consideran— heroico . La escala de la ignorancia sumada al orgullo y la crueldad adquiere dimensiones desproporcionadas y tanto The Act of Killing —el primer documental que grabó— como este que nos ocupa, La mirada del silencio, son relevantes para comprender ya no sólo la historia, sino la dimensión humana de esta. Lo que tenía entre manos Joshua era demasiado enorme para condensarlo en un documental, por esto, los documentales, aunque con la misma temática, son independientes y necesarios para contemplar distintos ángulos del drama nacional.

La mirada del silencio es la segunda historia en la que el realizador estadounidense, aclamado en numerosos festivales como en el DocumentaMadrid, aborda el genocidio indonesio. Ahora bien, si en The Act of Killing acorraló directamente a los asesinos del exterminio en masa perpetuado en Indonesia en un ejercicio tan esclarecedor como bárbaro desde lo declaratorio, aquí emprende con la misma destreza que en la anterior esa misma realidad, pero a través de los que siguen vivos. Es Adi, hermano de Ramli, óptico de profesión, quien le pide a Oppenheimer hablar cara a cara con los que perpetuaron la matanza masiva y asesinaron a su hermano. Nacido después de los asesinatos, para sustituir el dolor del hermano muerto que su madre Rohani no podía soportar, no tiene miedo de hacerse escuchar y exigir respuestas. A pesar de ello, su actitud es más condescendiente que recriminatoria, lo que convierte a la película en una práctica que no busca la confrontación, sino la verdad de los hechos y el desenmascaramiento de esos héroes nacionales puestos en evidencia por ellos mismos.

De hecho, las personas que construyen La mirada del silencio son las que dan luz y esperanza al relato. Además de Adi, su madre Rohani y Rukun, un anciano enfermo y sin embargo con un sentido del humor que llena los huecos que abarca ese sufrimiento que no encuentra forma de redimirse, son la clara imagen del silencio y del dolor, de esa mirada ahora explícita que en La mirada del silencio se desentraña para hacer evidente lo que lleva enterrado cincuenta años. Lo que supone un trabajo delicado que juega con la máscara y la ventaja de que la barbarie está respaldada por la moral social, para desentrañar los hechos de la tragedia, poniendo al espectador al límite de su capacidad para asimilar el horror, sin caer en la ilusión de pensar que nosotros, sin duda, en todo caso, seríamos las víctimas y no los verdugos.

En palabras de Oppenheimer, que este año se pasó por Madrid con motivo de la presentación de La mirada del silencio esta película es «un campo minado de clichés que, en su mayoría, nos presentan a un protagonista heroico, si no santo, con el que podemos identificarnos, ofreciéndonos así el falso consuelo de que, en la catástrofe moral de la atrocidad, distamos mucho de parecernos a los asesinos». Algo que deberíamos considerar ya que en una sociedad que nos ha adiestrado en mirar hacia el otro lado, el silencio, especialmente el mediático y el que persiste en el poder político que tiene la potestad de mediar para garantizar el bienestar bien entendido, es signo de consentir la barbarie, convirtiéndose en cómplice de la brutalidad. La mirada del silencio se torna así en una mirada lúcida, no por ello ascética, que en su trasfondo habla de muchos silencios y de muchas miradas compuestas de dolor y resignación, no a partes iguales. Silencios que ponen a las grandes potencias en evidencia, y miradas que sólo tienen una óptica adecuada por mucho que el poder trate de atenuar el peso. Es una cinta que iluminando las zonas oscuras de la historia y sus protagonistas, se convierte en indispensable para que reflexionemos, esta vez, en voz alta.
 

FICHA TÉCNICA
Título original: The Look of Silence (La mirada del silencio)
Dirección: Joshua Oppenheimer
Guión: Joshua Oppenheimer
Fecha de estreno España: 10 de Julio de 2015
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