Rosana G. Alonso
Conecta

Tras pasar el meridiano, el tercer día de la Tiger Competition busca un esencial improbable, cuando la expresión queda eclipsada en una subjetividad fragmentada por la mirada

Pebbles | StyleFeelFree
Imagen de la película Pebbles | StyleFeelFree

En el día 3 del IFFR 2021, en la sección Tiger Competition, el ritmo baja. De las cuatro películas diarias que veíamos en las dos anteriores jornadas, ahora ya solo son tres. Es el turno de la francesa I Comete – A Corsican Summer de Pascal Tagnati, la india Pebbles de Vinothraj P.S y la libanesa Agate mousse de Selim Mourad. El interés también decae cuando, como es el caso de I Comete, el espectador es suplantado por el voyeur. Tagnani impone una mirada y nos convierte en sujetos pasivos que ven como las escenas, deliberadamente mundanas y contemplativas, pasan ante nuestros ojos. Se regodea en la escena, la azuza y la proyecta, quizás demasiado consciente de la reacción que espera. Es el verano en un pueblo de Córcega y allí vemos la vida pasar según los diferentes estratos, que sin embargo, no acaban por dejar una huella indeleble.

Igualmente, la libanesa Agate mousse se desatiende del espectador rebuscando en formatos que no pueden justificarse. Anhela lo esencial, pero se pierde en filigranas. Pretende ser poema, pero se queda en el esbozo. Los que parecían protagonistas se disipan, y es difícil entender su cometido. En la película de Selim Mourad unos mueren, y otros vuelven a la vida. Unos toman la decisión de dejar la ciudad para conectarse con la naturaleza, y otros luchan desesperadamente por abandonar su comunidad. No obstante, todos se extravían en su intento de alcanzar una pureza solo pretendida.

De las tres películas de esta jornada la india Pebbles, de Vinothraj P.S, resultó ser la más prominente. Su naturalismo logra esquivar una mirada instruida en la composición del plano. Captura con el mismo ímpetu etnográfico los paisajes naturales y humanos. Y entre medias, sin alzar la voz, refleja costumbres, estados anímicos y tradiciones atravesadas por jerarquías y roles sociales. Sin juicios de valor de por medio, observamos moverse ante la cámara a figuras impetuosamente creíbles. El recorrido por la tierra árida de Tamil Nadu que hacen padre e hijo no es solo una caminata de regreso. Asimismo, sirve para acabar de componer a los personajes y las situaciones en el medio de la nada. Se percibe mucha humanidad, incluso cuando se retrata la dureza y el maltrato. Y en el otro lado de la balanza, la solidaridad femenina y la ingenuidad infantil.