Rosana G. Alonso

Con claros precedentes en la obra documental de Michael Moore, el francés François Ruffin va un paso más allá interviniendo lo documental en ‘¡Gracias jefe!’, una película de acción y humor que plantea muchos interrogantes

¡Gracias jefe! | StyleFeelFree
Fotograma de ¡Gracias jefe! | StyleFeelFree

¿Hay una frontera visible entre lo que es real y ficticio en el género documental? ¿De existir, de qué forma se evidencia? ¿Es necesario seguir una estructura clásica, que obedece a un ritual propiamente periodístico, en el uso de las fuentes? De hecho, ¿dónde comienza y acaba el género documental? Y también, ¿la intervención puntual, dentro del cine de no-ficción, puede explicar la realidad o cambiándola, la realidad deja de ser? Y aún más, ¿con una acción concreta, focalizada en lo individual, se explica o se enmascara la historia? Ver ¡Gracias jefe! y no plantearse al menos estas cuestiones es casi imposible. Con el documental del periodista y fundador de la revista FakirFrançois Ruffin, vuelve a ocurrirnos como con otros documentales recientes. Por supuesto, los de Michael Moore, que él mismo reconoce ser fuente de inspiración, pero también Sonita  de Rokhasareh G.Maghami o The yes men are revolting  de Jacques Servin, Igor Vamos y Laura Nix; películas difíciles de encajar en la tradición documental ya que la intervención particular, la acción en sí, el relato individual, aparentemente es más importante que su trasfondo colectivo, en donde ciertas pequeñas historias se sitúan. Ello no impide que este proceder sea una forma de situar el conjunto a través del ejemplo, una muestra que toma como medida la anécdota humana que trata de alterarse, en la medida de lo posible, para intentar intervenir la realidad como una forma de posicionarse ante el relato que se cuenta.

Hasta aquí todo en orden. Hay que entender que los tiempos cambian y que los géneros tienen que evolucionar en función de las demandas sociales y sus nuevos mecanismos. En realidad el documental de intervención no deja de ser un subgénero que tiene razón de ser en una sociedad, la actual, en la que prolifera el activismo en redes y la efectividad de ciertos personajes es indudable. Por ello, aunque pueden, según el caso, gustarnos más o menos, hay que reconocerles a algunos, su efectividad haciendo que ciertos sistemas se tambaleen. Aunque también hay que saber ver que se podría incurrir en un excesivo narcisismo por parte de estos realizadores protagonistas. Lo cual, si el género sigue extendiéndose sin ajustarse a ciertas y necesarias pautas, implicaría que se podrían echar a perder muchos proyectos que mejorarían en credibilidad, si supiesen ver hasta donde este nuevo espécimen de documentalista puede ser protagonista y hasta donde debe dejar a otros que sean el motor de la historia.

Reconozcámoslo. A François Ruffin le pierde un poco las ganas de chupar cámara y hacerse el héroe, un Robin Hood moderno, como él mismo se describe. Lo que en Michael Moore es efectivo porque casi siempre opera como narrador, aquí, en ocasiones, no resulta tan convincente. Pero incluso con estas, el documental funciona bien y resulta una propuesta original que da respuestas planteando muchas preguntas en torno a la economía contemporánea y sus sistemas, su legitimidad y las argucias que operan para hacer que lo ilícito esté amparado por leyes amoldadas a intereses poco o nada humanitarios. ¡Gracias jefe!  busca hacer visible el problema oculto tras las agresivas políticas de libre comercio que han llevado al gigante del lujo LVMH, liderado por Bernard Arnault, a la tragedia humana como resultado de la deslocalización de muchas de sus fábricas, hasta entonces operantes en Francia. Y lo consigue, sin necesidad de circunloquios, ni complicadas investigaciones. Lo consigue además invirtiendo el papel de víctimas y verdugos maniobrando así en una lucha de clases que busca nuevas formas de acción. Divertida y original, es una película que hay que ver para creer. Y por otra, para entender el loco mundo en el que estamos. Asimismo, muy vinculada a los movimientos populares surgidos en Francia la pasada primavera, como respuesta al proyecto de reforma laboral francesa, ¡Gracias jefe!  demuestra en la práctica lo efectiva que puede ser la acción colectiva. Lo cual no implica que por ser efectiva, sea siempre positiva para el bien común. Cuidado, una acción colectiva determinada, no debería tener fines individuales. Reflexionemos.
 

Tráiler de ¡Gracias jefe! | StyleFeelFree Youtube

FICHA TÉCNICA
Título original: Merci patron! (¡Gracias jefe!)
Dirección: François Ruffin
Edición: Cécile Dubois
Fecha de estreno España: 4 de noviembre de 2016
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