Rosana G. Alonso
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Película a película Terence Davies ha demostrado su enorme grado de empatía con las actrices. Sus retratos femeninos demuestran que es posible un cine de heroicidades reales y sentidas, protagonizado por mujeres

The Deep Blue Sea | Terence Davies | StyleFeelFree
Fotograma de The Deep Blue Sea | StyleFeelFree

La historia del cine está repleta de heroicidades masculinas. Héroes de lo posible y lo imposible que han desfilado por la gran pantalla convenciéndonos de que el hombre merece un status de superioridad en lo social, influenciado por lo cultural. Los retratos grandiosos que hasta ahora ha escupido la gran pantalla, como grandes verdades, han adiestrado la mirada femenina hasta tal punto, que la única salida que teníamos las espectadoras para no acabar convertidas en fetiche pasaba por identificarnos con los patrones masculinos, siempre heroicos aunque fuese desde una imposibilidad de serlo. Enormes construcciones masculinas fuesen desde arriba, inalcanzables; o desde abajo, con los pies en una tierra sobre la que pisar con pies de barro para humanizar su falta de aspiraciones. De íntegra moral o grandes rufianes; exitosos triunfadores que son capaces de arriesgar al todo o nada y ganar, o perdedores trágicos que se crecen desde una perspectiva romántica que los convierte también en héroes de su infortunio; arrojados conquistadores o cautivadoras víctimas de amores perturbados por mujeres fatales que los anulan y anulándolos, los convierten también en héroes por su enorme capacidad de sentir. Qué peligro de héroes cuando solo pueden serlo a costa de deconstruir los papeles femeninos para convertirlos en fetiches que únicamente pueden ser desde una demonización o una adoración. Putas o santas. Ángeles o demonios. Aquí comienza la imposibilidad efectiva de ser mujer en lo social y la dificultad de hacer real una igualdad pocas veces comprendida bajo el prisma del cine.

En este punto del relato, con un siglo XX marcado a fuego por estos roles, Terence Davies comenzó su andadura en el siglo XXI con excelentes retratos femeninos, más propios de un ideario, hasta ahora únicamente masculino, que planteados desde una historiografía cinematográfica salpicada de femeninos improbables. Sus mujeres, que ya comenzaron a intuirse desde La biblia de neón, con una fabulosa Gena Rowlands, empezaron a deslumbrar con Gillian Anderson en La casa de la alegría. Desde entonces, todas sus protagonistas han sido actrices de poco renombre que, bajo la dirección de Terence Davies, se han crecido hasta el punto de que se han convertido en la quintaesencia de un nuevo cine que entiende que las mujeres también pueden ser heroicas. Heroicas desde una naturaleza tan sentida e imperiosa, hasta ahora, como la masculina. Las mujeres de Davies siendo de carne y hueso, pueden ser víctimas del amor, pero aún así su enorme fortaleza no las anula como personas, sino que se entregan a sus sentimientos con una convicción de ser, de querer ser, estando convencidas como lo están de que su itinerario es una elección marcada por una voluntad férrea de no querer amoldarse a nada que no sea ellas mismas. Mujeres que sienten, que se entregan, que renuncian, que no quieren dejar de ser lo que son. Un ser marcado por un sentir que no evitan, y no haciéndolo, se convierten en heroínas de historias tan trágicas como heroicas.

Estos personajes que él recreó pueden o no ser reales, pero su inspiración y aspiración está sujeta a mujeres de carne y hueso; y eso es algo que la industria del cine necesitaba para no seguir resultando anacrónica. Adentrarse con Cynthia Nixon en Historia de una pasión, con Agyness Deyn en Sunset Song, con Rachel Weisz en Deep Blue Sea  o Gillian Anderson en La casa de la alegría, son experiencias que hay que sentir para entender que los femeninos y los masculinos son intercambiables, que fácilmente se puede ser el chico o la chica de la película, dependiendo del rigor y la sensibilidad con la que se escriban unos u otros papeles. El grado de sensibilidad con que Terence Davies ha abordado su obra cinematográfica, merece un capítulo aparte.
 

FILMOGRAFÍA DE TERENCE DAVIES (1945-2023):

 Benediction
2021. Reino Unido, Estados Unidos | 137 minutos
🏆 Premio a Mejor Guion en el Festival de San Sebastián – SSIFF 2021
 A Quiet Passion // Historia de una pasión
2016. Reino Unido, Bélgica | 125 minutos
🏆 Premio a Mejor Película en el Film Fest Ghent 2016 (Bélgica)
 Sunset Song
2015. Reino Unido, Luxemburgo | 135 minutos
 The Deep Blue Sea
2011. Reino Unido, Australia | 98 minutos
 Of Time and the City
2008 (sin estreno en España). Reino Unido | 72 minutos | Documental
🏆 Premio Cinema and the City en el Thessaloniki Film Festival
 The House of Mirth // La casa de la alegría
2000. Reino Unido, Alemania, Estados Unidos | 140 minutos
🏆 Premio a Mejor Actriz (Gillian Anderson) en los British Independent Film Award | Premio a Mejor Dirección de Arte (Don Taylor) en los Premios Satellite
 The Neon Bible // La biblia de neón
1995. Reino Unido | 92 minutos
🏆 Premio a Mejor Director de Fotografía (Michael Coulter) en el Festival de Cine de Valladolid – SEMINCI (1995)
 The Long Day Closes // El largo día acaba
1992. Reino Unido | 85 minutos
🏆 Premio Espiga de Oro a Mejor Película en el Festival de Cine de Valladolid – SEMINCI (1992)
 Distant Voices, Still Lives // Voces distantes
1988. Reino Unido | 85 minutos
🏆 Premio FIPRESCI del Festival de Cannes (1988) | Premio Golden Leopard en el Locarno International Film Festival (1988) | Premio Espiga de Oro a Mejor Película y Premio a Mejor Director de Fotografía (William Diver y Patrick Duvalen) el Festival de Cine de Valladolid – SEMINCI (1988)
 The Terence Davies Trilogy
1983 (sin estreno en España). Reino Unido |
🏆 Premio del Jurado en el Locarno Film Festival