Jaime G.
Conecta

El italiano Carlo Sironi debuta con su largometraje ‘Sole’, un retrato sutil y alejado de toda condescendencia del cruel intimismo de la juventud precaria de nuestros días

Sole | StyleFeelFree

Imagen de Sole | StyleFeelFree

Ermanno y Lena son los protagonistas de este relato sobre dos vidas adolescentes forzadas a encontrarse. Sole, que tuvo muy buena acogida en su recorrido por el tejido internacional de festivales europeos y norteamericanos, logra encauzar un asunto tan controvertido como la maternidad subrogada hacia un espacio, dentro de la narración, que se siente en consonancia con el resto de elementos que construyen la historia. Carlo Sironi no deja pasar ninguna oportunidad para constatar su agudeza como director y guionista, sin llegar a ser monotemático ni hacer excesivas referencias a lo evidente. Todo lo que sucede en el filme está impregnado de la complejidad propia del mundo real.

Una gran virtud de la película es la forma en la que lo local es trasladado con éxito a lo universal. La comprensión y la cercanía que demuestra el cineasta con los temas que engloba se traducen en una obra comprometida con nuestro tiempo y que, apartada de un tono de crítica sociopolítica manido e insustancial, desentraña los problemas estructurales que asolan a la juventud de hoy. Los personajes principales, a quienes dan vida la actriz polaca Sandra Drzymalska y el italiano Claudio Segaluscio —que debuta en esta cinta sin ningún tipo de formación previa como actor—, encarnan el rostro profundamente humano de una generación y una clase abandonadas a su suerte.

En armonía con el tono del relato, Sironi apuesta por un estilo sobrio y minimalista en todos los aspectos. En el caso de la interpretación, la técnica de ambos actores protagonistas, está rodeada de cierto ascetismo muy reminiscente del cine de Robert Bresson, con diálogos parcos y especial atención a las miradas y a los silencios que comparten. En cuanto a lo visual, la dirección de fotografía a cargo de Gergely Pohárnok resulta en una serie de planos minuciosamente compuestos, que huyen de la imagen sobrecargada y en los que el formato 4:3 atrapa a los personajes en los límites naturales de la escena y, figuradamente, dentro de su condición desconsolada. Aún así, en los fríos azules del mundo que dibuja Sole, hay espacio para un rayo de esperanza.
 

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