Rosana G. Alonso
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Si algo tiene en común la cinematografía china contemporánea que hemos visto en el Lychee Film Festival 2018 es su visión fragmentada de la realidad ante una China amenazada por los retos de la vigilancia, la violencia y la diferencia de clases

The Great Buddha + | Lychee Film Festival 2018 | StyleFeelFree
Fotograma de The Great Buddha+ con motivo del Lychee Film Festival 2018 | StyleFeelFree

Muy notorio en la mirada de Lou Ye en Suzhou River (2000) abriendo el nuevo siglo, el cine chino más reciente, como hemos podido comprobar en el Lychee Film Festival 2018 tiende a acercarse a su realidad a través de la fragmentación y el uso de narradores, ajenos o no a la historia, que buscan poner énfasis en lo que vemos, mediando sobre la propia narratividad. En este sentido, The Great Buddha+, una cinta taiwanesa dirigida por Huang Hsin-Yao y ganadora finalmente del premio a mejor dirección y mejor película de esta edición del Lychee, resultó ser una película muy fecunda confrontando las cloacas del poder con las clases más desfavorecidas. El taiwanés realiza así un retrato agudo y satírico de la desigualdad social en Taiwán. Una excelente comedia negra con una fina ironía que aborda el drama, explicando los mecanismos sociales que llevan a la disparidad entre unas clases sociales y otras. Todo esto, con un sugestivo narrador, el propio Hsin-Yao, participando de lo que nos muestra y propiciando un subjetivismo, que desestimando la lírica, entra de lleno en una sátira que colorea el blanco y negro de la imagen.

Aunque The Great Buddha+  es excepcional y fue la película más laureada, la gran sorpresa del Lychee Film Festival 2018 fue Dragonfly Eyes de Xu Bing

Pero la gran sorpresa del Lychee Film Festival 2018, bajo mi punto de vista, fue Dragonfly Eyes de Xu Bing, un ejercicio experimental más cercano al documental que al cine de ficción, que aborda el tema de la vigilancia. En China las cámaras de vigilancia inundan el espacio público. Alrededor de 200 millones de cámaras capturan la vida sin filtro alguno, lo que significa que una persona promedio puede llegar a ser grabada unas 300 veces al día. Xu Bing, con la intención de hacer una película con parte de ese material, al que tuvo acceso, siguió el rastro de Qing Ting _ Libélula, en español _ y con ella creó una película que reflexiona sobre los problemas derivados de las grandes metrópolis chinas en el mundo actual. Una nueva era marcada por la observación, con el incremento de las nuevas tecnologías, y la obsesión por unos cánones de belleza que están convirtiendo a Asia oriental en un territorio donde cada vez hay más mujeres clonizadas, empeñadas en alcanzar un ideal de belleza ficticio.

Concretamente China, desde que en 2001 se levantase la prohibición de poder someterse a cirugía estética, es uno de los países en los que más se ha impulsado este sector, que crece imparable en los últimos años. El reto aquí de Dragonfly Eyes consiste, precisamente, en exponer estos asuntos involucrándose en el proceso de observar, convirtiendo al espectador en observador de lo observado. Y al mismo tiempo, haciendo un sutil análisis de la identidad en el siglo XXI, y la imposibilidad de mantener nuestra intimidad a salvo de la mirada ajena en una economía hipercapitalista que busca sacar rédito de todo.
 

Dragonfly Eyes | Lychee Film Festival 2018 | StyleFeelFree
Fotograma de Dragonfly Eyes con motivo del Lychee Film Festival 2018 | StyleFeelFree

Bitter Flowers  que se llevó el premio al mejor intérprete resultó ser una propuesta muy interesante

Además de estas dos películas comentadas, la que inauguró el festival, Bitter Flowers, de Olivier Meys, resultó también ser una propuesta interesante para levantar conciencias a cerca del tránsito de personas que buscan una vida mejor en otros países. Una realidad que no solo están experimentando las mujeres chinas, como se puede ver en el filme, sino que afecta a todos los países con sistemas de producción en crisis. Vemos que un gran número de las personas que se aventuran a salir de su país para hacer dinero, se encuentran con la tragedia de que no hay muchas más posibilidades que en sus países de origen. Algo que contemplamos en películas españolas bastante recientes como en Hermosa juventud (2014) de Jaime Rosales o Most beautiful island (2017) de Ana Asensio. Bitter Flowers fue además el proyecto audiovisual que se llevó el premio al mejor intérprete que recayó en Qi Xi, ciertamente espléndida en un filme con un poderoso personaje femenino, como ocurre en otras dos cintas de este Lychee Film Festival 2018: The Widowed Witch de Cai Chengjie y The Foolish Bird de Huang Ji y Ryuji Otsuka.
 

Bitter Flowers | Lychee Film Festival 2018 | StyleFeelFree
Fotograma de Bitter Flowers con motivo del Lychee Film Festival 2018 | StyleFeelFree

Aunque solo dos cineastas pasaron el corte final, al menos una de ellas, Sung Hsin Yin se llevó con su película, On Happiness Road, el premio del público

En una edición en la que solo dos mujeres realizadoras pasaron el corte final (Sung Hsin Yin y Ryuji Otsuka compartiendo dirección con Huang Ji), los pocos personajes femeninos que hemos visto al menos han sido consecuentes con las nuevas formas de representación de la mujer en el cine. Por otra parte, Sung Hsin-Yin se llevó además el premio del público con On Happiness Road, una película de animación que se adentra en la historia más reciente de Taiwán a través del drama de una mujer joven que después de encontrar su sueño americano en los EEUU regresa a su casa tras la muerte de su abuela.

Atendiendo asimismo a la desfragmentación, On Happiness Road resulta una cinta de calado profundo que habla de la importancia del relato no solo colectivo. El que atañe a nuestros orígenes marca el ritmo de un ejercicio que pone de relieve muchas causas políticas e identitarias que descubren, por ejemplo, a los indígenas taiwaneses y el rechazo que sufrieron por parte de la población. Con un guion muy elaborado y denso, Hsin-Yin, para darle forma, tuvo que recurrir a numerosos flashbacks que saltan del tiempo presente al pasado, dejando tras de sí una película no tan accesible como cabría de esperar en el género de animación, que todavía sigue pensándose que está destinado a un público muy joven. Razón por la que sorprende, muy gratamente, que se llevase finalmente el premio del público, cuando este parecía más entusiasmado con Wrath of Silence de Xin Yukun, una película de menos calado que el resto de la programación, o la mencionada The Widowed Witch.
 

On Happiness Road | Lychee Film Festival 2018 | StyleFeelFree
Fotograma de On Happiness Road con motivo del Lychee Film Festival 2018 | StyleFeelFree

Ya para finalizar este análisis, solo me cabe añadir que con esta selección de películas y con solo dos ediciones en su haber pero grandes cambios, tras la decisión de ramificar el festival de Barcelona a Madrid, el Lychee Film Festival 2018 nos trajo una mirada muy actual del gran gigante asiático enfrentándose a los retos de un siglo XXI de enormes desafíos. Sobremanera, la vigilancia, la violencia y la diferencia de clases. Veremos ahora cómo avanza el próximo año, qué temas nos trae, y si con el tiempo podremos añadir alguno de estos nuevos nombres a la lista de grandes realizadores chinos en la que figuran, entre otros, Jia Zhangke, Wong Kar Wai, Zhang Yimou, Ang Lee, Hou Hsiao Hsien, Wang Bing o Tsai Ming Liang. El tiempo lo dirá. Pero todo indica que sí. Personalmente y si la ocasión me lo permite trataré de seguirle la pista a Huang Hsin Yao y Xu Bing, las dos grandes revelaciones de esta edición.