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VENECIA 2026: Análisis de cómo el cuerpo de la mujer ha sido sometido al control más absoluto, la película ‘Woman Unknow’ de May el-Toukhy, la única mujer a Competición en Venecia, es un retrato colectivo, y psicológico, de la guerra de sexos que no empezaron las mujeres

Han pasado los años, las décadas, y el cuerpo de la mujer sigue siendo un campo de batalla. Los feminicidios en mujeres jóvenes son, a día de hoy, la primera causa de muerte a nivel mundial. Pero en la era post-Metoo, en el mundo occidental, los poderes fácticos pretenden hacernos creer que el feminismo ya no es necesario porque hemos alcanzado la igualdad. Sin embargo, los datos indican un retroceso sobre los avances adquiridos en los primeros años del feminismo digital. No hace falta mirar muy lejos. Esta edición del Festival de Cine de Venecia, de las 21 películas que optan al León de Oro solo una está dirigida por una mujer. Además, cuando se anunciaron todos los títulos sorprendía que fuese May el-Toukhy, cuyo anterior trabajo, Reina de corazones, parecía bailarle el agua al patriarcado que sigue mirando con reticencia a la mujer en su madurez o bien, evitándola. Afortunadamente, el remake de Catherine Breillat puso en orden el desorden legitimado que desnaturaliza los deseos y las voluntades de autoafirmarse sobrepasando los roles impuestos.
Para compesar aquella propuesta que, no obstante, tenía el arrojo suficiente para crear debate en torno al deseo femenino, la cineasta danesa propone ahora, en Woman Unknown, un espléndido personaje femenino sobre el que, aún así, pesan muchas sospechas. Pero justo estas sospechas son las que revelan cómo el cuerpo femenino sigue siendo objeto de control. En la película, que se retrotrae al periodo de posguerra tras la Segunda Guerra Mundial, las mujeres danesas, sobre las que pesaba una sospecha de mantener relaciones íntimas con los nazis, son objeto de una humillación en público brutal. Tras esto, sufrirán el estigma de por vida. Por esa razón, para Marie, interpretada por Mathilde Arcel con aplomo e ímpetu emocional contenido que desvela la ansiedad y presión que está soportando, ocultar su pasado es crucial. Aquí vuelve a surgir una pregunta que también se planteaba en el anterior trabajo de el-Toukhy. ¿Hasta dónde está dispuesta a llegar esta mujer para ocultar la verdad? Pero en este caso, el guion, muy sagazmente, dibuja un arco de personaje que permite al espectador entender el proceso que está atravesando. Ello desvela también el doble rasero a la hora de juzgar a hombres y mujeres que confraternizaron por igual, de distintas formas, con los alemanes durante la ocupación.
Inspirada en hechos reales, que visibilizan la humillación pública real que soportaron algunas mujeres, Woman Unknown es el reflejo de la hipocresía social durante la posguerra. Tal situación, tabú para la historiografía, vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre cómo se ejerce el control sobre los cuerpos de las mujeres y cómo la violencia sexual, durante la guerra, es el reflejo del desequilibrio social que prevalece en tiempos de concordia. En el tercer largometraje de May el-Toukhy, estas consideraciones quedan latentes en la expresión de Mathilde Arcel que deambula por la historia temorosa en una atmósfera muy bien conseguida para transmitir el desasosiego imperante. Con encuadres muy estudiados y claroscuros que captan con sobriedad el encierro en el que se encuentra esta protagonista y el control absoluto sobre su cuerpo, la cinta esclarece, en la oscuridad, planteando disyuntivas, visibilizándolas. Este thriller psicológico llega así al desenlace con una escena tan bella como dolorosa en la que la que Marie, herida en lo más hondo, se mantiene firme para sobrevivir a la guerra.
En realidad, bien mirado, esta es una película bélica. Sigue habiendo guerra después del armisticio. La guerra tiene tintes de género. Y este personaje, consciente de ello, sabe que tiene que hacer un sacrificio para no ser una mártir más del sistema aunque ello suponga cobrarse otra víctima. En ello sigue habiendo una mirada dura sobre la mujer. Pero en esa dureza, llegamos a comprender todo lo que la sociedad le exige para sobrevivir y llevar una vida digna. Woman Unknown no es un retrato individual sino colectivo. Es el retrato colectivo que visibiliza la inflexibilidad con la que se siguen juzgando las decisiones de las mujeres con respecto a cómo se articulan sus discursos indisolubles de sus cuerpos. Es el retrato que, en esta edición 83 del Festival de Venecia en la que parece que hay una unidad temática en torno al amor y la guerra, muestra las costuras invisibles de estos temas que nos obligan a hacer, como mínimo, una reflexión. Por ello mismo, es de justicia que Woman Unknown esté en el palmarés.