Rosana G. Alonso
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Gastón Solnicki en ‘Kékszakállú’ esboza ideas, pero el disfrute en la belleza, desde todos los ángulos, deja extasiada la película nada más arrancar

Kékszakállú | StyleFeelFree
Fotograma de Kékszakállú | StyleFeelFree
SINOPSIS
Inspirada según cuenta el propio director, Gastón Solnicki, en la única ópera de Béla Bartok, El castillo de Barba Azul, Kékszakállú es el retrato conceptual de la alienación en la época actual. Centrada en un grupo de adolescentes, poco a poco va dirigiendo la mirada hacia una de las retratadas para explicar las crisis derivadas del confort.

Hay un momento en el que la protagonista de Kékszakállú [Barba Azul en húngaro] contempla una fotografía en gran formato de su rostro de niña y entonces se hace una mímesis con el mito de Narciso. La imagen, el reflejo de la propia imagen, es crucial en la película del argentino Gastón Solnicki. Los primeros planos no dejan lugar a dudas. El mismo director parece haberse quedado extasiado en la belleza por la belleza. De otra forma, la cinta avanzaría, pero a penas si lo hace. O no quiere avanzar, que es otra cosa.

No solo en los planos, el ángulo o las arquitecturas que acentúan el encanto que se materializa con la luz y el tono, existe una intencionalidad de seducir. También se percibe un interés por reflejar la belleza saturada por su propio resplandor: marcados abdominales, glúteos firmes, pieles tersas. Es cierto que el cine acostumbra al error de deleitarse en la piel y la perfección, a veces excesiva, que exige un amoldamiento al canon, sea como sea, generalmente con mucha cirugía a la imagen y al cuerpo. Personalmente sigo sin acostumbrarme al retrato de la belleza por la belleza, igual que tampoco me gusta el plano desafectado, sin un rigor estilístico en el que apoyar el argumento, y a la inversa.

Me queda la sensación de que Kékszakállú es una obra inacabada. Hay imprecisos singulares, como los planos del trabajo en fábrica. Pero en general, por mucho que la inspiración inicial esté en la única ópera de Béla Bartók, El castillo de Barba Azul y que esta influencia abierta lleve al cineasta a construir un mosaico de piezas que no encajan, pero que aisladas podrían ser sublimes fotografías, la realidad es que cuando salgo del cine, tengo la sensación de que detrás de la imagen a penas queda nada. Tal vez, en esa nada esté la clave de la historia que a grandes rasgos busca encontrarse en el hastío de la sociedad moderna anclada al confort. No obstante, hubiese preferido encontrar alguna respuesta aunque fuesen en forma de pregunta. ¿Vivimos anestesiados por la belleza? ¿Es suficiente el modo, la pauta, la pose? Al menos, la película no se alarga ni se siente incómoda. Hay elementos como la música que la hacen liviana, casi etérea. Pero para cuando empiezas a sentirte a gusto, casi hipnotizada, y a la espera de que arranque, se encienden las luces.
 

Tráiler de Kékszakállú | StyleFeelFree Youtube

FICHA TÉCNICA
Título original: Kékszakállú
Duración: 72 minutos
Dirección: Gastón Solnicki
Guion: Gastón Solnicki
Fotografía: Fernando Lockett y Diego Poleri
Música / banda sonora: Béla Bartók
Montaje: Francisco D’Eufemia y Alan Segal
Reparto: Laila Maltz, Katia Szechtman, Denise Groesman, Maria Soldi, Lara Tarlowski, Natali Maltz, Pedro Trocca
Fecha de estreno España: 07 de diciembre de 2017
FESTIVALES Y PREMIOS
Nominaciones:
Festival de Cine de Mar de Plata (2016): Nominada a Mejor Película Latinoamericana
Festival Internacional de Cine de Salónica (2016): Nominada al Premio Alejandro de Oro
Premios:
Festival Internacional de Cine de Venecia (2016): Premio FIPRESCI a la Mejor Película en Horizontes
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