Rosana G. Alonso
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Una aproximación a Marcel Broodthaers, el artista-poeta al que el Museo Reina Sofía, en colaboración con el MoMA, le dedica una retrospectiva

Escribir sobre el artista belga Marcel Broodthaers (Bruselas, 1924 – 1976) siguiendo dogmas, no es posible. Imposible por otra parte acercarse a su figura tratando de dibujar sus aglutinadores entornos sin evitar los rodeos, los circunloquios, las evasivas. Aunque por otra parte, no imagino otro a quien pudiera gustarle más la dialéctica de posibles-imposibles que a Broodthaers, el Rey de los Mejillones  en un mundo de moluscos herméticos. Él lo hizo. Desconchó la realidad y la dejó desnuda para vestirla con figuras literarias de apariencia plástica. Duchamp también tuvo que pasar por su aro de artista-teórico. Le desenmascaró descubriendo su método que resuelve la dialéctica Duchampiana. El artista es el autor de una definición. Broodthaers solo volvió a recordarlo. Las disputas territoriales poco le importaban si no era para cuestionar precisamente esa territorialidad haciéndola visible, convirtiéndola en esquema, en molde [moule ] que desacredita la autoridad al enlomar interpretaciones que reinterpreta tautológicamente. Pero el desenmascarador que desenmascara, ¿trazará un camino que permita desenmascarar su propio universo de máscaras, de cáscaras de poeta maldito que llegó tarde al Olimpo alegórico de un Baco simbolista? Por supuesto, pero alguien tan proclive a los ambages solo podía hacerlo sembrándolo de incógnitas que permitiesen continuar el juego. Fig. 1, fig.2, fig.A…O incluso un traje de chaqueta negro colgado de una percha en la que se puede leer Costume d’Igitur, en referencia a un personaje de Mallarmé. Lo que plantea otra disyuntiva, ¿se puede ser artista, sin dejar de ser poeta si acaso hay que poner límites al Arte? ¿Se puede crear y elevar lo creado al nivel de Arte, evitando los cánones que impiden que por ejemplo lo estético, lo decorativo o lo utilitario tenga una razón ya no de ser, sino de estar, cuestionando además de los moldes, las molduras de consenso en un desierto artístico al que aparentemente solo le importa el símbolo, la etiqueta, la definición susceptible de ser mercantilizada? Se puede crear, efectivamente, por la tangente, aunque las derivas son inescrutables porque como había asimilado eficientemente el belga, Un coup de dés jamais n’abolira le hasard  (Una tirada de dados, nunca abolirá el azar), en alusión a la obra póstuma de Mallarmé que René Magritte le regaló en 1945. Broodhtaers, como el buen alumno que cuestiona lo aprehendido, trascendería la lección de los muchos artistas, artistas-literatos también, a los que admiró o simplemente siguió su trayectoria. Entre ellos, por supuesto, Magritte, belga como él. Los simbolistas franceses. De Mallarmé a Baudelaire. De EEUU a España. Edgar Allan Poe. Federico García Lorca. Las fábulas de La Fontaine. Alexandre Dumas, por capricho y porque como se sabe, pasó una temporada en Bélgica después de haber perdido el favor de Napoleón. Y un largo etcétera. Yves Klein, Goya, Schwitters o Ingres. ¿No trata de eso, en esencia, el Arte? ¿De seguir hacia delante explicando, superando o apropiándose de los preceptos consagrados anteriores, para explicar ya no el presente, sino para tratar de avanzar hacia el futuro? De hecho, ¿se puede considerar artista a aquel que evitando la oblicua, traza un camino tan recto que más que anticipar y prever, se ciñe a tendencias actuales y anónimas, no dejando duda sobre su talento? Broodthaers se apropió de todo, pero nunca eludió sus referencias.

Recurriendo a simbologías tautológicas y circulares, Marcel Broodthaers, el desconsolado de unas Mil y una noches  actuales bajo la mirada del cineasta Miguel Gomes; Marcel Broodt[h]aers, el poeta desposeído diestro en mirar con una lente bifaz modelada por Magritte, se hizo artista, se proclamó artista o anti-artista en un otro Olimpo experimental ideado por apropiación y reunificación de símbolos que cuestionan símbolos y cargos que cuestionan jerarquías. Artillería visual dual, ambigua, compuesta por películas y lienzos fotográficos o pinturas que se leen, resolviendo fracasos. Si bien, en este sentido, su obra más excelsa fue su museo ficticio [aunque no tanto ficticio salvo por su nivel de representatividad e intencionalidad crítica ] repleto de águilas. El águila, emblema de poder, de dominación, efigie extrínseca que da valor intrínseco a todo sobre lo que se posa. La dualidad aquí se sobreentiende. Y por si acaso, un posdata. Esto no es una obra de arte, en referencia a las figuras que poblaron la sección de Figuras  de su Museo de Arte Moderno. Departamento de las Águilas . Lo cual implica tanto que son una obra de Arte, como que no lo son. El objeto está sujeto a una definición que opera en un espacio determinado y sujeto a un conjunto. El conjunto de Marcel Broodthaers no podía estar más definido, con lo cual atender a sus obras por separado, sin tener la posibilidad de conocer sus postulados, sus manifiestos, sus declaraciones dispersas en sus numerosos libros de artista que editó con esmero, sus poemas, sus cartas abiertas, se convierte en algo difícilmente desencriptable. Sus obras solo pueden entenderse como conquista de espacios que subvierten la pérdida, el vacío, reconfigurando el propio espacio en un lugar donde es posible un arte vivo, que sigue latiendo y sangrando desde una perspectiva que entiende que solo puede ser lo que no es; o bien, lo que es, solo puede evidenciarse recurriendo a los otros, explicando lo otro, como prueba de que ha dejado de ser, para volver a ser.

Descubrir a Marcel Broodthaers, como nos propone ahora el Museo Reina Sofía en colaboración con el MoMA de Nueva York, es aventurarse en una experiencia que da certeza a lo que hasta ahora podíamos intuir o sentir. El mundo, ahora más que nunca por su operatividad en redes, es ese lugar donde las fronteras, las limitaciones y las censuras, solo son reales desde lo político. Y MB nos enseñó a ver en un mapa político, uno poético. El poeta que nunca dejó de serlo, pero que tuvo que convertirse en general de su propio imperio para sobrevivir, despejar caminos y crear nuevas rutas, sigue conquistando espacios porque su voz es un canto de cernícalo común enfundado en un traje de águila imperial que se convierte en esperanza para los perdedores, utopistas de un mundo en el que lo común no es precisamente una estrategia política, sino un lugar desde el que construir relatos atendiendo a la diversidad de las formas y las estructuras. Él mismo lo explicó. No hay estructuras primarias.
 

Marcel Broodthaers | StyleFeelFree

Obra: En su proveedor habitual (Vinagre de águilas), 1968 de © Marcel Broodthaers | Foto:Y.Yu para © StyleFeelFree

Marcel Broodthaers | StyleFeelFree

Obra: Cazuela de mejillones grandes, 1966 de © Marcel Broodthaers | Foto: Y.Yu para © StyleFeelFree

Marcel Broodthaers | StyleFeelFree

Décor de © Marcel Broodthaers| Foto: Y.Yu para © StyleFeelFree

DATOS DE INTERÉS
Título: Marcel Broodthaers. Una retrospectiva
Artista: Marcel Broodthaers
Comisariado: Manuel Borja Villel y Christophe Cherix
Lugar: Museo Reina Sofía
Fechas: 4 de octubre de 2016 – 9 de enero de 2017
Itinerancia: The Kunstsammlung Nordrhein-Westfalen, Düsseldorf (4 de marzo a 11 de junio de 2017)
Catálogo: con artículos de Manuel Borja-Villel, Christophe Cherix, Benjamin H.D. Buchloh, Cathleen Chaffee,Jean-Fraçois Chevrier, Kim Conaty, Thierry de Duve, Rafael García, Doris Krystof, Christian Rattemeyer, Sam Sackeroff, Teresa Velázquez, Francesca Wilmott