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La falda plisada, prenda clave del uniforme escolar femenino, vuelve a reclamar, una vez más, su atención este otoño/invierno

En las propuestas para este otoño/invierno 2021-2022 hemos visto como muchas firmas de moda han decidido volver a rendirle tributo a las faldas plisadas. Sí, sabemos que a lo largo de las décadas, desde que Mario Fortuny patentara en 1909 su fortuny, el arte del plisado ha tomado muchas veces los armarios femeninos. En esta ocasión, además, es sintomático de un sistema escolar que empieza a restaurarse, tras el fenómeno de las aulas vacías que supuso el COVID-19. No obstante, aunque volvemos a la normalidad, no deja de ser una normalidad rediseñada que sirve de inspiración a los diseñadores. Por eso, los creadores optan por estilismos paradójicos, entre juveniles y recatados, que vuelven la mirada al pasado, reclamando nuevas siluetas. Las faldas plisadas, con blazers de hombros amplios, adoptan definitivamente la silueta triangular de los veinte, que ya se había instaurado a finales de los diez.

CLAVE:
Coordinado con un blazer de paño de lana o un jersey amplio, las faldas plisadas se vuelven un básico de este otoño-invierno

Lo que nos preguntamos ahora es si realmente la falda plisada, que remite al uniforme escolar, es también un signo de estandarización. Parece ser que en los últimos años, en los EEUU, el uso del uniforme escolar ha aumentado considerablemente, fomentado por la creencia de que ayuda al rendimiento de los estudiantes. Sus defensores argumentan que es más seguro para los escolares y reduce las desigualdades socioeconómicas. Los detractores dicen que infringen el derecho de los alumnos y alumnas a expresar su individualidad, aumentando las diferencias que pretenden disfrazar. Sin embargo, en cuestiones de moda, hay que considerar que hay ciertas novedades en el diseño. Así lo vemos en faldas que buscan la fluidez por medio de aberturas o pliegues abiertos que conforman flecos. Además, en cuestiones de largos, se admiten desde las que rozan el tobillo, hasta las mini, un largo que estaba desbancado hasta ahora.

Volviendo a retrotraernos a otras épocas, recordaremos que los noventa fueron una década que privilegió las faldas plisadas, concretamente, en su versión mini. En estos años se buscaba descontextualizar el uniforme sexualizándolo, para imponer un look de lolita que no dejaba de representar un fetiche de deseo masculino. Lo vemos en la imagen icónica de una jovencísima Britney Spears cantando el Baby One More Time (1998). Esta canción, y el video que la acompañaba, la convertirían en estrella de la música pop. Aunque su aspecto no resultaba nada fresco en ese momento, comparado por ejemplo con el de Gwen Stefani, de No Doubt, en Just A Girl (1995), hoy se ha convertido en uno de los símbolos de la década. Ya han pasado más de veinte años de aquello, y Spears sigue siendo recordada por un tema que le debe mucho a su estilismo y sus connotaciones asociadas.
 

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