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Con ingenio y diversión, ‘Brian y Charles’ de Jim Archer es una sencilla pero reflexiva obra acerca de un inventor y su creación

Brian y Charles | StyleFeelFree. SFF magazine
Imagen de la película Brian y Charles | StyleFeelFree. SFF magazine

Desde Frankenstein, pasando por Pinocho o hasta incluso llegar a la comedia más irreverente como Ted, las historias acerca de la creación de un nuevo ser por parte del ser humano han sido un gran foco para artistas de todo el mundo. Jim Archer, director de Brian y Charles, a buen seguro ha tenido en cuenta las decenas de películas que le preceden para tratar de hallar una fórmula novedosa. En este caso, esta comedia de ciencia ficción es un relato ampliado de un premiado cortometraje que parte de la misma matriz. Si uno es conocedor del precedente de esta obra es inevitable preguntarse si existe un suficiente conflicto dramático capaz de sustentar las casi dos horas de metraje en las que se ha convertido. Sin embargo, con el paso de los minutos, la pregunta se antoja secundaria y los gags toman las riendas de la cinta.

De la mano de sus actores protagónicos, unos formidables David Earl y Chris Hayward, los personajes oscilan entre el desagrado y el afecto de una forma quizá un tanto extravagante. Aun así, el guion no se acomoda en este humor bizarro, sino que también cuenta con instantes de cierta ternura que dimensionan un poco más el mundo interior de estos incomprendidos. ¿Qué ocurre cuando un ser no humano toma conciencia de su existencia? ¿Pueden dos seres ser plenamente amigos sabiendo que uno depende del otro? Entre ingeniosos diálogos y gags físicos se plantean estas cuestiones de cierto poso filosófico que engrandecen la película sin complejizarla. Pese a esto y a que hay ciertos momentos de crueldad, bien podría considerarse esta historia como una obra para todo tipo de público. Quizá algunas capas no queden al descubierto para los más infantes, pero puede que les llegue a resultar un gran divertimento.

Uno de los aspectos más interesantes está en la dirección en forma de falso documental que sigue a Brian en sus aventuras desde antes de la creación de Charles. Además de ser un efectivo valor estético provoca que la empatía hacia los personajes crezca, ya que se comunican directamente con el espectador. Son estas decisiones conceptuales de Jim Archer lo que provoca que Brian y Charles no sea una simple comedia acerca de la amistad. También es, en cierta manera, un alegato al autodescubrimiento. Esto se logra sin perder la esencia del cortometraje, en gran parte porque las carencias acerca del conflicto son suplidas por unos secundarios que aportan auténticos obstáculos en la trama. Con estos ingredientes y con la posibilidad de que este humor no se adecue a todos los paladares, es probable que esta película tome su lugar entre las obras acerca de un creador y su creación.
 

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